
En pleno corazón del interior de España, donde apenas viven diez personas en todo el pueblo, una joven pareja decidió mostrar al mundo cómo es su fin de semana. Se mudaron desde Barcelona para empezar una nueva vida lejos del bullicio urbano y ahora comparten sus experiencias con miles de seguidores. Sus días están llenos de pequeñas alegrías, y cada acontecimiento cobra un significado especial. Aquí no hay los típicos entretenimientos de una gran ciudad, pero sí hay espacio, silencio y la oportunidad de redescubrir los placeres sencillos.
El aburrimiento no tiene cabida en sus relatos: cada día exige creatividad para llenarlo de sentido. La naturaleza, las tradiciones y los encuentros ocasionales con sus vecinos se convierten en la base de nuevos rituales. La pareja reconoce que fue en este entorno donde aprendieron a valorar los momentos y encontrar alegría en los pequeños detalles. Sus historias se volvieron rápidamente populares en las redes sociales, ya que muchos sueñan con la tranquilidad y la armonía que resulta tan difícil de hallar en las grandes ciudades.
Buscar compañía y crear nuevas tradiciones
El sábado para ellos no comienza con el café habitual en un bar concurrido, sino con un paseo por las colinas cercanas en busca de setas. Esta actividad se ha convertido en parte de su rutina, aunque no siempre tienen suerte: la mayoría de las veces las cestas quedan casi vacías. Pero incluso estos pequeños fracasos se viven con humor, ya que la naturaleza enseña humildad y paciencia. Tras la escapada matutina, llega el momento de socializar, algo que siempre escasea en un pueblo tan pequeño.
Para encontrarse con otras personas, es necesario desplazarse a la localidad vecina. Allí, la pareja juega al pádel, una modalidad de tenis muy popular en España. No es solo deporte, sino también una oportunidad para hacer nuevas amistades. Después del partido, el ritual imprescindible es compartir una jarra de cerveza, que pone fin al día y sirve como excusa para charlas pausadas. En estas circunstancias, incluso un breve encuentro cobra un valor especial.
Domingo: creatividad y conexión con la naturaleza
El domingo está marcado por la creatividad. La pareja graba y edita vídeos sobre su vida para inspirar a otros a mudarse al campo. Hablan abiertamente de las ventajas y desventajas de esta decisión, sin ocultar las dificultades. Sus vídeos muestran una imagen honesta y realista de la España rural, donde cada día es diferente al anterior.
Tras trabajar en el contenido, llega el momento de descansar. Un paseo por los campos y bosques ayuda a desconectar y a sentirse parte de la naturaleza. Aquí, el silencio se percibe de manera especial, algo poco común en la ciudad. Por la tarde llega el momento más esperado: el encuentro con los vecinos. Todos los habitantes del pueblo se reúnen para jugar a las cartas y compartir una botella de cerveza, conversar sobre las noticias y socializar. En estos encuentros surge un verdadero sentido de comunidad.
Vida fuera de la ciudad: retos y descubrimientos
Mudarse a un pueblo poco poblado fue para la pareja no solo un desafío, sino también una oportunidad para replantearse sus valores habituales. Aquí, cada día exige esfuerzo para no sucumbir a la soledad y no perder el vínculo con el mundo que les rodea. Pero es precisamente en estas condiciones donde nacen nuevas tradiciones y se fortalecen los lazos humanos.
Los jóvenes admiten que, a veces, es necesario cruzar fronteras —no solo geográficas, sino también interiores. Relacionarse con los vecinos, participar en la vida del pueblo, buscar nuevas actividades: todo esto les ayuda a sentirse parte de algo más grande. Su experiencia demuestra que incluso en la comunidad más pequeña se puede encontrar alegría, si uno está abierto a los cambios y no teme salir de la zona de confort.











