
En España se está gestando una crisis que podría alterar el equilibrio de poder dentro de la Iglesia católica e influir en el clima social. Por primera vez en muchos años, los círculos ultraconservadores han criticado abiertamente a la dirección del episcopado, acusándola de traicionar los valores tradicionales. El motivo ha sido el apoyo a la legalización de migrantes y los recientes acuerdos con el gobierno, lo que ha provocado una oleada de indignación entre los sectores más radicales del clero y sus partidarios.
La grabación en la que el presidente de la Conferencia Episcopal Española (Conferencia Episcopal Española, CEE), el arzobispo Luis Argüello, celebra la decisión del gobierno sobre la regularización masiva de migrantes, marcó el inicio de un enfrentamiento abierto. Esta iniciativa, respaldada por cientos de organizaciones y cientos de miles de ciudadanos, desató una fuerte reacción en parte del clero, que hasta ahora solo expresaba críticas con cautela.
Agravamiento de las tensiones
El sacerdote Francisco J. Delgado, de la archidiócesis de Toledo y conocido por sus posturas ultraconservadoras, acusó públicamente a la jerarquía eclesiástica de traición. Su postura fue respaldada por otros representantes del ala radical, quienes ahora no ocultan sus opiniones y califican las acciones de los obispos como una ‘alianza con el diablo’. En su discurso, denuncian que la Iglesia supuestamente participa en una ‘operación estatal’ para alterar la composición demográfica del país y desestabilizar la sociedad.
A las protestas se han sumado fuerzas políticas de ultraderecha, incluidas Vox y Falange Española de las JONS. Estas acusan a la Iglesia de priorizar los intereses políticos sobre la defensa de los pobres y los valores tradicionales. Ante estas críticas, representantes del episcopado han declarado que dividir la Iglesia entre «pueblo» y «jerarquía» recuerda a métodos totalitarios y conduce a una peligrosa polarización.
Consecuencias políticas
La influencia de los obispos en la política ha disminuido notablemente. Incluso el conservador Partido Popular ha endurecido su postura respecto a la inmigración, marcando distancia con las iniciativas eclesiásticas. En este escenario, Vox ha reforzado su posición entre los católicos, especialmente después de que la Iglesia respaldara públicamente a la comunidad musulmana de Jumilla, lo que provocó una nueva ola de descontento entre la ultraderecha.
Algunos obispos, como el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, también han manifestado reservas sobre la reforma migratoria y los nuevos acuerdos con las autoridades. Sus declaraciones coinciden cada vez más con la retórica de los políticos radicales, profundizando así la fractura interna.
Presión y protestas
Las organizaciones ultraconservadoras han intensificado su campaña contra la dirección de la CEE, sobre todo después de la decisión de replantear la simbología del Valle de los Caídos. En redes sociales y en las calles, se organizan actos en defensa de la cruz y de apoyo a los obispos que comparten sus posturas. Las protestas son cada vez más visibles y las exigencias hacia la jerarquía eclesiástica, más severas.
Dentro de la propia CEE crece la tensión. La actual dirección mantiene una postura firme frente al gobierno socialista, exige elecciones anticipadas y no acepta compromisos en cuestiones de migración y reformas sociales. Sin embargo, la presión proveniente de los radicales y de fuerzas políticas externas sigue aumentando, amenazando la unidad de la Iglesia.
Contexto y paralelismos
En los últimos años, España ya ha experimentado agudos conflictos entre la Iglesia y el Estado, especialmente en torno a reformas que afectan los derechos de las minorías y la memoria histórica. Estas diferencias han desembocado repetidamente en protestas masivas y una fuerte polarización social. En 2024, por ejemplo, el debate sobre la ley de educación sexual generó descontento entre los sectores conservadores, mientras que en 2025, la polémica en torno a la restauración de monumentos de la época de Franco volvió a dividir a la sociedad. En cada ocasión, la Iglesia quedó en el centro de las disputas políticas, y la actual crisis confirma que su papel en la vida pública sigue siendo objeto de intensos debates.












