
El futuro de la Constitución española vuelve a estar en el centro del debate público. La estabilidad que la ley fundamental ha proporcionado desde 1978 hoy se ve amenazada por la falta de diálogo político y el aumento de la polarización entre los partidos. Para los españoles, no se trata solo de una cuestión legal: está en juego la preservación de las instituciones democráticas y la prevención de nuevas crisis.
El historiador Juan Francisco Fuentes, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid, destaca que la singularidad de la Constitución de 1978 radica en haber sido fruto de un consenso amplio, algo poco común en España. A diferencia de anteriores textos constitucionales, este documento logró unir a políticos de distintas ideologías y se convirtió en símbolo de la reconciliación nacional. Según Fuentes, fue la presión social de finales de los años 70 la que obligó a los líderes políticos a buscar acuerdos, lo que permitió crear un texto dotado de doble legitimidad: parlamentaria y popular.
Desafíos de la reforma
Sin embargo, casi medio siglo después de su aprobación, la situación ha cambiado. Fuentes señala que actualmente en España no existe el nivel de confianza necesario entre las principales fuerzas políticas para abordar reformas tan importantes. Especialmente relevante es la cuestión de la organización territorial del país. Según él, este punto sigue siendo el más delicado y complejo, ya que intentar modificar el modelo autonómico podría tener consecuencias imprevisibles para la unidad del Estado.
El historiador recuerda que la Constitución ha superado pruebas importantes, incluido el intento de golpe de Estado militar del 23 de febrero de 1981 (23-F), y ha demostrado su solidez. Sin embargo, el actual clima político no favorece la búsqueda de consensos. Fuentes sostiene que la falta de diálogo entre el PSOE y el PP hace prácticamente inviable cualquier reforma, y el aplazamiento de la solución al problema territorial podría generar aún más tensiones.
La memoria de la Transición
Fuentes lamenta que muchos españoles de hoy a menudo olvidan las circunstancias en las que se produjo la transición a la democracia. Critica a parte de la izquierda por menospreciar los esfuerzos realizados para lograr las libertades y derechos actuales. A su juicio, los intentos de deslegitimar la Constitución suelen ocultar la intención de sustituir la democracia por modelos alternativos, lo que podría poner en riesgo el futuro del país.
En este contexto, conviene recordar cómo los conflictos políticos en torno a las normas constitucionales ya han tenido consecuencias graves. Por ejemplo, la reciente polémica sobre las resoluciones del Tribunal Constitucional en Madrid desató una reacción enérgica de la oposición y sirvió de motivo para nuevas exigencias de dimisión de altos cargos. Más información sobre cómo las decisiones judiciales pueden incidir en el panorama político, en el reportaje sobre la reciente controversia en torno a un aliado clave de Ayuso.
El papel de la Monarquía
Un lugar especial en el análisis de Fuentes lo ocupa el papel de la monarquía. Destaca que la Corona sigue siendo uno de los principales pilares del sistema constitucional y cualquier intento de revisar su estatus se percibe como el cruce de una línea roja. El historiador señala que las figuras de los reyes —desde Juan Carlos I hasta Felipe VI— han desempeñado roles diferentes, pero siempre significativos en el fortalecimiento del sistema. Además, considera que la influencia de la reina Letizia en la imagen actual de la monarquía es sumamente positiva.
Fuentes está convencido de que, a pesar de todos los desafíos, la democracia española es más fuerte de lo que sus críticos imaginan. Sin embargo, advierte contra el exceso de confianza y recuerda que la historia ha demostrado en varias ocasiones que la estabilidad requiere atención constante y disposición para aceptar cambios.
En los últimos años, España se ha enfrentado en repetidas ocasiones a crisis relacionadas con disputas territoriales e intentos de revisar la ley fundamental. El referéndum catalán de 2017, las protestas masivas en Barcelona y los reiterados debates sobre el papel de la monarquía han puesto de manifiesto la intensidad del debate sobre el futuro del sistema constitucional. En otros países europeos también se observan procesos similares: discusiones sobre la redistribución de competencias entre el gobierno central y las regiones, exigencias de actualización de normas obsoletas y un creciente escepticismo hacia las instituciones tradicionales. La experiencia española sigue siendo uno de los ejemplos más destacados de cómo el compromiso y el diálogo pueden garantizar una estabilidad duradera, aunque requieren una constante adaptación y apertura al cambio.












