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Conversaciones tras la catástrofe cómo los despachadores y el maquinista no entendieron la magnitud de la tragedia en Adamus

Las conversaciones tras el accidente ferroviario dejan más preguntas que respuestas

Dos conversaciones de emergencia revelaron la sorprendente falta de conciencia de los implicados en el accidente Nadie percibió la colisión de los trenes Surgieron detalles que impactaron incluso a los ferroviarios más experimentados

En los primeros minutos tras el accidente ferroviario en Adamuz (Adamuz) reinó la confusión total. El maquinista del tren Iryo se comunicaba con los controladores del centro de gestión de tráfico en Atocha (Atocha), pero ni él ni los empleados de Adif comprendían que no se trataba simplemente de un descarrilamiento, sino de una colisión con el tren Alvia que venía en sentido contrario. En estas conversaciones, grabadas en la caja negra, se escucha a ambos participantes discutir detalles técnicos del incidente, sin sospechar la verdadera magnitud de la catástrofe.

El maquinista informa sobre el bloqueo del convoy, la necesidad de revisar los daños y el controlador le pide que baje los pantógrafos y confirma que el tren no puede moverse. En ese momento, nadie menciona la colisión, aunque ya decenas de personas habían fallecido. La segunda conversación es aún más reveladora: el maquinista comunica que su tren ha descarrilado e invadido la vía vecina, solicita detener urgentemente la circulación por las otras vías e informa sobre un incendio en uno de los vagones. El controlador asegura que no hay otros trenes en ese tramo, aunque el Alvia ya había chocado con la parte trasera del Iryo.

Segundos perdidos

Toda la tragedia se desarrolló en cuestión de segundos. Tras el descarrilamiento del Iryo, el Alvia, que circulaba en sentido opuesto, no logró frenar a tiempo y embistió los últimos vagones. El maquinista de Iryo no percibió el momento del impacto, quizás debido al shock o porque se encontraba en la cabina de cabeza, lejos del lugar de la colisión. Los controladores tampoco tenían una visión completa de la situación y continuaban siguiendo el protocolo estándar, sin sospechar la magnitud del accidente.

Cuando el maquinista de Iryo solicita detener la circulación y pedir asistencia de emergencias, el controlador le responde que no hay otros trenes en el tramo. Solo después, al intentar contactar con el maquinista de Alvia y no recibir respuesta, se hace evidente que la situación es mucho más grave de lo que parecía al principio. Es entonces cuando el controlador se comunica con el revisor de Alvia y, solo después de esto, el centro de control comprende que ha habido una colisión con numerosas víctimas.

Errores y consecuencias

El ministro de Transportes y Movilidad, Óscar Puente, se vio obligado a explicar por qué las comunicaciones entre el maquinista y los controladores no reflejaban la verdadera gravedad de lo que ocurría. Según él, todo sucedió demasiado rápido: solo pasaron nueve segundos entre el descarrilamiento y la colisión. Durante ese breve periodo, ni el maquinista ni los controladores llegaron a entender que el Alvia ya había chocado contra el Iryo. Esto explica por qué en las conversaciones no se menciona el accidente: ninguno de los implicados sabía que ya había ocurrido.

La tragedia dejó 42 fallecidos, incluido el maquinista de Alvia. Tras el accidente, el sindicato SEMAF convocó una huelga exigiendo medidas de seguridad más estrictas en el ferrocarril. Los maquinistas insisten en que, sin garantías de seguridad, no están dispuestos a salir en ruta. Sus demandas incluyen no solo la mejora de los sistemas técnicos, sino también la responsabilidad personal de quienes gestionan la infraestructura.

Exigencias de los maquinistas

El sindicato SEMAF ha emitido una declaración contundente: si no se garantiza la seguridad, los trenes en Cataluña y otras regiones podrían dejar de circular. Los maquinistas exigen recibir una confirmación de seguridad de la ruta antes de cada viaje. Si no se les ofrecen estas garantías, se reservan el derecho de reducir la velocidad y modificar la operación en función del estado de las vías.

El comunicado del sindicato exige que quienes sean responsables de la seguridad ferroviaria respondan penalmente. Tras dos graves accidentes —en Adamuz y en la línea de Rodalies en Gelida— la paciencia del personal ferroviario se ha agotado. Ahora reclaman no solo palabras, sino acciones concretas por parte de la dirección del sector.

Preguntas sin respuesta

La catástrofe de Adamuz conmocionó a todo el país. Las conversaciones entre el maquinista y los controladores, que salieron a la luz pública, demostraron que incluso los profesionales más experimentados pueden encontrarse totalmente desinformados en momentos críticos. El sistema, diseñado para evitar tragedias como esta, falló. Ahora el sector ferroviario español afronta la necesidad de revisar a fondo los estándares de seguridad y responsabilidad.

Mientras los sindicatos preparan nuevas protestas y las autoridades prometen reformas, persiste la pregunta clave: ¿cómo evitar que una tragedia similar se repita? De momento, no hay respuesta. Pero algo está claro: la confianza en el sistema de seguridad ferroviaria se ha visto gravemente erosionada.

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