
Cientos de miles de pasajeros en Cataluña vuelven a ser rehenes de un colapso en el transporte. Tras el trágico incidente ferroviario en enero, cuando un maquinista falleció en las inmediaciones de Gelida, la recuperación del tráfico resultó imposible. La infraestructura de Rodalies atraviesa serios problemas y la situación no cambiará en los próximos días: los trenes circularán con restricciones y parte de las rutas serán suplidas por autobuses.
Las autoridades y los operadores ferroviarios intentaron restablecer la normalidad, pero la magnitud de los daños es demasiado grande. En muchos tramos de la red los trenes se ven obligados a reducir la velocidad, y algunos recorridos están completamente cerrados al tráfico. Para los 400.000 usuarios diarios esto significa más retrasos, transbordos e incertidumbre.
Dificultades en las líneas
El ministro de Transportes ha reconocido que la calidad del servicio de Rodalies deja mucho que desear. En los últimos días apenas se han producido mejoras. A finales de enero los trenes circulaban con interrupciones, y en once tramos los pasajeros tenían que hacer trasbordo a autobuses. La primera semana de febrero no traerá alivio: las restricciones se mantienen.
Algunas líneas seguirán cerradas. Por ejemplo, la R8, que une Martorell y Granollers, no reanudará su servicio por las obras en el túnel de Rubí. Este tramo es crítico para el transporte de mercancías entre España y Francia, pero las tareas de reparación se prolongarán durante semanas.
En la línea R1, que discurre a lo largo de la costa, persiste la interrupción entre Blanes y Maçanet. Continúan los trabajos de estabilización del terreno tras el desprendimiento de enero. Los pasajeros deberán utilizar autobuses en este tramo.
Incógnita y obras de reparación
Las rutas regionales de Girona también enfrentan dificultades: entre Figueres y Portbou el servicio ferroviario ha sido sustituido por autobuses. La línea R2, que conecta Tarragona, Barcelona y Maçanet, por ahora opera sin restricciones, pero la situación podría cambiar.
Especial preocupación genera la línea R3, que une L’Hospitalet de Llobregat y Puigcerdà. Aquí las obras de gran envergadura llevan varios meses y parte del trayecto permanecerá cerrada hasta mayo de 2026. Recientemente se decidió suspender completamente el tráfico en el tramo peligroso entre Vic y Puigcerdà. El segmento restante, que atraviesa los Pirineos, también es inestable: no hay maquinaria para retirar la nieve y no se sabe cuándo se restablecerá la circulación.
Consecuencias del accidente
En la línea R4, donde ocurrió la tragedia de Gelida, se mantiene la interrupción entre Sant Sadurní y Martorell Central. Aquí los viajeros deben continuar en autobús. Entre Martorell Central y Terrassa los trenes siguen circulando, pero para llegar a Manresa será necesaria otra vez la transferencia a autobús.
Las restricciones también afectaron las rutas regionales entre Manresa y Cervera, así como entre Reus y Riba Roja d’Ebre, y entre Reus y Vinaixa en Tarragona. Para compensar la falta de transporte, las autoridades incrementaron el número de autobuses hasta 230, algunos de los cuales llegaron de otras regiones, incluida Mallorca.
Adaptación del transporte
Los pasajeros se ven obligados a reorganizar sus trayectos, dedicando más tiempo al desplazamiento y afrontando molestias adicionales. En ciertos casos, los autobuses alternativos no absorben el flujo de personas, lo que provoca aglomeraciones y retrasos. Para muchos habitantes de los suburbios y pequeñas localidades, esto supone la pérdida de su ritmo habitual de vida y gastos extra.
Las autoridades prometen acelerar las labores de restauración, pero los plazos siguen siendo inciertos. Cada nueva avería o retraso genera una ola de descontento entre los pasajeros y el sistema de transporte regional se ve sometido a una presión considerable.
En los últimos años, la red ferroviaria de Cataluña se ha enfrentado repetidamente a accidentes, desprendimientos y fallos técnicos. En 2023, una situación similar se produjo tras fuertes lluvias, cuando varias líneas permanecieron cerradas durante semanas. Entonces, igual que ahora, los pasajeros tuvieron que recurrir a autobuses y buscar rutas alternativas. Los problemas de infraestructura y la falta de inversiones persisten de forma crónica, y cada nuevo incidente no hace más que aumentar el malestar entre los habitantes de la región.











