
El festival CutreCon en Madrid demostró una vez más que hasta las películas más absurdas pueden unir a las personas y crear nuevas tradiciones culturales. Para los españoles, no es solo entretenimiento: es una manera de mirar el cine desde otra perspectiva, donde el fracaso se convierte en motivo de risa y experiencia colectiva. En una época en la que la inteligencia artificial interviene cada vez más en la creatividad, la imperfección y la espontaneidad humanas se tornan el principal valor de estos eventos.
Una atmósfera de locura
Este año, CutreCon reunió a varios miles de aficionados al cine fuera de lo común. Las salas estuvieron abarrotadas y las entradas se agotaron con antelación. Los organizadores eligieron películas difíciles de considerar obras maestras: el «Stallone» indio, una película de acción pakistaní, el «Rambo» turco y, por supuesto, la legendaria «Ninja Terminator». Cada proyección se transformó en todo un espectáculo: el público no solo veía, también participaba activamente, gritando frases, riendo y hasta aplaudiendo las escenas más disparatadas.
Un lugar especial ocuparon las películas cuyo argumento se pierde entre explosiones, persecuciones y personajes extraños. En pantalla aparecían monstruos de látex, zombis torpes, robots con cintas VHS y héroes muy alejados de los estándares habituales. En CutreCon el silencio no está bien visto: aquí se alientan los gritos, las bromas e incluso los comentarios irónicos entre amigos sobre lo que sucede. El ambiente recuerda a un concierto punk, donde la energía del público importa más que lo que ocurre sobre el escenario.
El fenómeno de la unión del público
El público de CutreCon constituye una categoría aparte de cinéfilos. Muchos asisten disfrazados, preparan bromas de antemano e incluso participan en los rituales del festival. Por ejemplo, si alguien abandona la sala antes de que termine la película, inmediatamente es llamado “cobarde”, y junto a las butacas se acumulan latas vacías de cerveza que luego se recogen cuidadosamente. Aquí prima el culto a la experiencia colectiva: la risa, la sorpresa e incluso una leve irritación se convierten en parte de la celebración compartida.
Los organizadores reconocen que todo empezó como una broma entre amigos, pero rápidamente se transformó en un evento de gran escala. Cada año aumenta el número de asistentes, surgen nuevas categorías e incluso participan invitados internacionales. El festival se ha convertido en un lugar donde el fracaso y el error se transforman en fuentes de alegría e inspiración. Muchas películas que en otras circunstancias serían olvidadas aquí tienen una segunda oportunidad y alcanzan estatus de culto.
La paradoja del éxito
Las proyecciones de CutreCon no son simplemente ver mal cine. Es buscar un placer especial en la imperfección, en los errores y en situaciones absurdas que hacen única cada película. El público no espera lógica ni alta calidad — al contrario, cuanto más absurdo e incoherente, mejor. Ahí reside la paradoja: cuanto peor es la película, mayor entusiasmo genera entre la audiencia.
Este año, la versión turca de James Bond atrajo especial atención: los enormes agujeros en la trama y personajes francamente extraños se convirtieron en el centro de animadas discusiones. Las frases de los protagonistas, repetidas varias veces, primero causaban risas y luego aplausos. Cada proyección se transformaba en una auténtica performance donde la línea entre la pantalla y el público desaparecía.
El factor humano
En la era de la tecnología digital y la automatización, CutreCon recuerda el valor del error humano. Aquí no hay lugar para los cálculos fríos o la imagen perfecta: solo emociones vivas, espontaneidad y risa genuina. Los organizadores insisten: su meta no es solo exhibir cine de mala calidad, sino encontrar aquellas películas que provocan risas no por la intención de sus creadores, sino a pesar de ella. Es un género especial: la comedia involuntaria, donde cada espectador se convierte en coautor de lo que ocurre.
El festival sigue creciendo y atrae a cada vez más aficionados al cine fuera de lo convencional. En cinco días, se celebraron más de veinte proyecciones en distintas salas de Madrid y el número total de asistentes superó varios miles. CutreCon se transforma no solo en un punto de encuentro para los entusiastas, sino también en una plataforma para replantear el propio concepto de cine.
En los últimos años, en España y otros países europeos han ganado popularidad los festivales dedicados al cine inusual y fallido. Estos eventos se celebran en Barcelona, Valencia e incluso en pequeñas ciudades, atrayendo a un público cansado de los habituales éxitos de taquilla. En 2025, un festival similar en Barcelona también registró un número récord de asistentes, mientras que en Valencia fue reconocido con un premio especial por su contribución al desarrollo del cine alternativo. Estas iniciativas se convierten no solo en un fenómeno cultural, sino también en una forma de protesta contra la monotonía de la cultura de masas.












