
En España estalla un escándalo que podría redefinir los límites de lo permitido para los miembros del poder judicial. El órgano disciplinario del Consejo General del Poder Judicial (Consejo General del Poder Judicial, CGPJ) ha propuesto sancionar a dos jueces por sus ataques públicos a destacados políticos. Esta decisión podría sentar un precedente para todo el sistema judicial del país, donde hasta ahora casos similares rara vez derivaban en sanciones reales.
En el centro de la polémica están el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco y el juez de lo mercantil Manuel Ruiz de Lara. Ambos, en diferentes momentos, lanzaron comentarios contundentes contra la exministra Irene Montero, el actual presidente Pedro Sánchez y su esposa Begoña Gómez. Ahora, sus palabras podrían tener serias consecuencias para sus carreras.
Motivos de la investigación
La iniciativa del proceso disciplinario vino de Ricardo Conde, responsable de ética en la judicatura. Propuso a sus colegas estudiar la sanción después de que, en octubre del año pasado, un intento de archivar el caso no tuviera éxito. La Comisión Permanente del Consejo, encabezada por Isabel Perelló, insistió en que la investigación continuara.
El juez Velasco se situó en el centro de la atención pública tras su intervención en una conferencia en noviembre de 2024. Criticó la ley sobre delitos sexuales impulsada por Podemos y lanzó comentarios despectivos hacia Irene Montero, recordando su trabajo como cajera en un supermercado. Sus palabras provocaron una fuerte reacción tanto en la sociedad como entre sus colegas.
Velasco también cuestionó la legitimidad de las fuerzas políticas que participan en la formación del gobierno, lo que se interpretó como una intromisión en el debate político desde la posición de un juez.
Redes sociales y límites de lo permitido
El segundo implicado en el caso, Manuel Ruiz de Lara, realizó sus declaraciones en la red social X (antes Twitter). En diciembre de 2024, acusó a Pedro Sánchez de llevar a cabo un «golpe de Estado» y llamó a su esposa «Barbigonya», publicando un montaje con la imagen de Begoña Gómez como una muñeca Barbie. Sus publicaciones iban acompañadas de duras críticas al gobierno y alusiones a una posible erosión de las instituciones democráticas.
Ruiz de Lara no es ajeno a procesos disciplinarios. En 2023, calificó a Sánchez de «mentiroso patológico» y al ministro de Justicia como «sirviente mentiroso». En aquella ocasión, el caso se archivó tras la eliminación de los mensajes, lo que impidió identificar al autor. Esta vez, la situación es distinta: las publicaciones se mantienen y la repercusión pública ha sido mucho mayor.
Debate sobre la libertad de expresión
En el ámbito jurídico se ha desatado un debate sobre hasta qué punto los jueces pueden expresar sus opiniones personales en espacios públicos. Algunos opinan que el juez, incluso fuera de su labor, debe mantener la neutralidad y la contención; otros defienden el derecho a la libertad de expresión, especialmente en cuentas personales en redes sociales.
La ley que regula la conducta de los jueces fue aprobada en 1985, cuando aún no se conocían las redes sociales. Actualmente, estas normas resultan desfasadas y los nuevos desafíos exigen revisar los enfoques. La cuestión sobre dónde termina la opinión personal y comienza la violación de la ética profesional sigue abierta.
Posibles consecuencias
Si la comisión disciplinaria aprueba las sanciones propuestas, esto enviará una señal a todo el sistema judicial: las declaraciones públicas, incluso en blogs personales, pueden acarrear graves consecuencias. La ley establece explícitamente que un juez no puede utilizar su estatus para aprobar o reprobar las acciones de las autoridades, ni mostrar falta de respeto hacia ciudadanos o colegas.
Anteriormente, casos similares solían cerrarse sin repercusiones, pero la situación actual demuestra que la tolerancia hacia los ataques públicos de jueces contra políticos está disminuyendo. Esto podría endurecer las normas y dar lugar a nuevos estándares de conducta para los miembros del poder judicial.
En los últimos años, en España se han multiplicado los casos en los que jueces y fiscales se ven envueltos en procedimientos disciplinarios debido a declaraciones públicas. Estas cuestiones resultan especialmente delicadas en un contexto de polarización política y uso activo de redes sociales. En 2025 se debatió el caso de un juez de Barcelona que fue suspendido temporalmente por comentarios sobre la independencia de Cataluña. Aún antes, en 2023, se abrió un expediente disciplinario contra un fiscal que había criticado al Ministerio del Interior en un programa de radio. Estos incidentes evidencian que los límites permitidos para los representantes de la justicia son cada vez más difusos, mientras la sociedad y las autoridades buscan un equilibrio entre la libertad de expresión y la necesidad de mantener la confianza en el sistema judicial.












