
En Granada se ha destapado un insólito caso de estafa cuya víctima fue un vecino de 94 años. El hombre acudía cada día al mismo café cerca de su casa para desayunar. En dos años, este hábito le acabó costando más de 22.000 euros.
El propietario del local, de 57 años, ideó un método para cargar en la tarjeta bancaria del cliente cantidades muy superiores al precio habitual de un desayuno. Cada vez que el anciano pagaba, le pedían la tarjeta alegando falta de señal en el terminal de la terraza. En realidad, dentro del local, el empleado realizaba cargos adicionales sin que el cliente se diera cuenta.
Al principio, los importes eran relativamente bajos —unos 30 euros—, pero con el tiempo, el estafador aumentó sus pretensiones. En las etapas finales, algunos cargos alcanzaron los 400–450 euros de una sola vez. El pensionista tardó en sospechar: confiaba en el personal y no revisaba los extractos bancarios. Solo cuando sus familiares advirtieron gastos extraños, se descubrió el fraude sistemático.
Al investigar el caso, se detectaron decenas de movimientos que no coincidían con el importe de los desayunos. El perjuicio total superó los 22.000 euros. Tras la detención del sospechoso, el tribunal decretó su ingreso en prisión durante un año y cuatro meses. Ahora, deberá responder ante la justicia por sus actos.












