
En Estados Unidos se ha desatado una nueva ola de debates sobre la alimentación después de que las autoridades presentaran una pirámide nutricional renovada que rompe con los conceptos tradicionales sobre la comida saludable. Ahora, los productos naturales ocupan un lugar central, mientras que los ultraprocesados son objeto de críticas. Este cambio se explica por el deseo de reducir el gasto sanitario en enfermedades crónicas, las cuales, según los funcionarios, están directamente relacionadas con lo que ponen los estadounidenses en su plato.
En el documento firmado por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., y la ministra de Agricultura, Brooke Rollins, por primera vez se afirma de manera explícita que los productos ultraprocesados representan una amenaza para la salud nacional. Como alternativa, proponen dar prioridad a las proteínas, grasas saludables, frutas, verduras y productos integrales. Además, las proteínas y grasas ocupan ahora una posición central en la nueva pirámide, mientras que las verduras y cereales habituales se relegan a la periferia.
Cambio de prioridades
La principal novedad es el aumento drástico en la cantidad recomendada de proteínas: ahora se aconseja consumir entre 1,2 y 1,6 gramos por cada kilogramo de peso corporal. Además, la pirámide rehabilita los lácteos enteros y las grasas, que antes eran considerados casi enemigos de la salud. Los autores del documento aseguran que ha llegado el momento de poner fin a la “guerra contra las grasas” y revisar los viejos dogmas.
Este enfoque ha generado una ola de críticas entre los especialistas en nutrición. La profesora de la Universidad Complutense de Madrid, Rosa María Ortega, sostiene que no existen pruebas científicas de que las proteínas y las grasas animales deban ser la base de la alimentación para todos. Según ella, los hidratos de carbono complejos siempre han sido la base de la dieta, y reducir su aporte puede tener consecuencias negativas para la salud.
Riesgos médicos
Los expertos advierten que la nueva pirámide contradice las recomendaciones internacionales. En particular, el énfasis en la carne roja, los lácteos enteros y las grasas animales puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares. La dietista María Riestra Fernández destaca que, incluso reduciendo el consumo de azúcar y productos ultraprocesados, el exceso de grasas animales puede anular todos los beneficios obtenidos.
Al mismo tiempo, el documento dedica muy poca atención a las legumbres, un alimento considerado fundamental en la dieta mediterránea y ampliamente reconocido por sus beneficios para la salud y el medio ambiente. El nutricionista Aitor Sánchez García se muestra sorprendido: ¿por qué un elemento tan importante quedó relegado en la nueva pirámide?
Economía y salud
Los autores de la reforma aseguran que los cambios permitirán ahorrar miles de millones en tratamientos de enfermedades crónicas. Actualmente, según sus datos, el 90% del gasto sanitario en EE. UU. se destina a combatir dolencias que podrían prevenirse con una alimentación adecuada. Sin embargo, los críticos señalan que sin medidas integrales y cambios en la industria alimentaria, las recomendaciones por sí solas no son suficientes.
Generó especial descontento que, al elaborar la nueva pirámide, se ignoraran las recomendaciones del Comité Asesor Oficial de Guías Dietéticas. Este organismo insistía en aumentar la proporción de alimentos de origen vegetal y reducir las grasas animales, pero sus propuestas no fueron tomadas en cuenta.
El contraste mediterráneo
Para España, donde tradicionalmente se sigue el modelo alimenticio mediterráneo, las novedades estadounidenses resultan controvertidas. En la pirámide española, el agua, la actividad física y el estilo de vida ocupan el primer lugar, mientras que la base de la dieta la conforman verduras, frutas y cereales. La carne y los dulces solo se permiten en pequeñas cantidades. Este enfoque también cuenta con el respaldo de la mayoría de los especialistas europeos.
Sin embargo, las autoridades estadounidenses insisten en que sus recomendaciones se basan en la ciencia y el sentido común. Pero los expertos consideran que, sin cambios reales en la industria alimentaria y en la cultura de la alimentación, no se debe esperar un efecto inmediato. Por ahora, la nueva pirámide sigue siendo motivo de intensos debates tanto en Estados Unidos como fuera de sus fronteras.











