
En las regiones del noroeste de España continúa la lucha contra los incendios forestales de gran magnitud, que desde hace más de una semana arrasan aldeas y zonas naturales. El descenso de las temperaturas ha permitido frenar la propagación del fuego y reducir la amenaza para las poblaciones, aunque la situación aún no está totalmente bajo control.
En Galicia, Extremadura y Castilla y León los bomberos siguen trabajando en condiciones de alto riesgo. A pesar de la ligera mejora en el tiempo, los especialistas advierten: debido a la sequedad del suelo y los fuertes vientos, los incendios siguen siendo impredecibles. Según muchos de los que participan en la extinción, solo lluvias intensas podrían poner fin al desastre, pero no se esperan precipitaciones en los próximos días.
Los responsables de las comunidades autónomas afectadas muestran un optimismo prudente. En Extremadura señalan que la mejora del tiempo contribuye a la estabilización de la situación, mientras que en Galicia confían en un aumento de la humedad ambiental. En Castilla y León, pese a la evolución positiva, se mantiene el estado de emergencia en las provincias de León, Zamora y Salamanca al menos hasta finales de semana.
En la provincia de Ourense, el número de focos activos se redujo de nueve a siete en un solo día, y otros cinco lograron estabilizarse gracias al descenso de las temperaturas. Entre ellos está el incendio de la zona de Maceda, que ardió durante más de una semana y devastó 3.500 hectáreas. Sin embargo, la situación más grave persiste en el municipio de Larouco, donde en seis días se han quemado 20.000 hectáreas según las autoridades regionales, y hasta 43.000 hectáreas según estimaciones satelitales. Se trata del mayor incendio en la historia de Galicia, donde desde principios de año ya se han quemado 67.000 hectáreas.
La diferencia en las estimaciones se debe a que los datos regionales solo consideran áreas forestales, mientras que la vigilancia por satélite incluye también tierras agrícolas. El incendio en Larouco amenaza la reserva de la biosfera en las montañas de O Courel y ya ha superado en extensión al reciente incendio en Chandrexa de Queixa, donde ardieron unas 18.000 hectáreas.
En Castilla y León actualmente siguen activos 29 focos, pero según las autoridades, ninguna localidad se encuentra bajo amenaza directa. Los habitantes del valle de Valdeón, en León, que habían sido evacuados previamente, ya regresaron a sus hogares. Aquellos que permanecieron para ayudar a los bomberos ahora se desplazan al municipio de Riaño para despejar la zona, ya que el peligro continúa en uno de los frentes del incendio.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, visitó una de las zonas más afectadas: el municipio de Jarilla, en la provincia de Cáceres, donde el fuego arrasó 15.500 hectáreas y se extendió hacia Salamanca. Actualmente, la situación aquí se está estabilizando y todos los residentes evacuados han podido regresar a sus hogares. Sin embargo, en las montañas el fuego sigue activo, aunque no representa una amenaza para los núcleos urbanos. Por el momento, los bomberos controlan dos focos principales: uno desciende por la ladera del valle del Jerte, y el otro se sitúa en la cima del monte Pinajarro, en Salamanca.
En las localidades de Jerte y Tornavacas, hacia donde avanza el incendio, la vida poco a poco vuelve a la normalidad. Las tiendas y talleres han retomado su actividad, las obras continúan y es posible ver a personas descansando en las terrazas. El único recordatorio de la cercanía del fuego es el denso humo blanco atrapado entre las montañas. Algunos vecinos siguen usando mascarillas, mientras otros aprovechan el descenso de las temperaturas para salir en bicicleta por las carreteras de montaña.
Los rescoldos humeantes representan una amenaza considerable, ya que pueden ser arrastrados por el viento y provocar nuevos focos. Pese a la mejora en la situación, la temperatura ambiental sigue superando los 30 grados, la humedad está por debajo del 30% y la velocidad del viento excede los 30 kilómetros por hora. Esto eleva el riesgo de que el fuego se reavive en zonas ya extinguidas o en áreas nuevas. Sin embargo, los pronósticos para la noche prevén condiciones más favorables para la labor de los bomberos.
En el municipio de La Garganta, en Cáceres, los vecinos observan el incendio en las montañas de Béjar, que amenaza a las localidades cercanas. En los últimos días, los habitantes se han unido con sus vecinos para crear un cortafuegos de varios kilómetros, con el fin de proteger sus hogares y el entorno natural. En estos esfuerzos han participado tanto agricultores como alcaldes, para quienes la prioridad es la seguridad de las personas y la conservación del medio ambiente.












