
En las zonas agrícolas de Tarragona se vive una auténtica crisis: las extensas plantaciones de nueces de antaño están desapareciendo a gran velocidad. En los últimos años, la superficie de estos cultivos se ha reducido casi a un tercio, poniendo en riesgo no solo la cosecha, sino también la propia identidad de la región. Las razones no se limitan al clima, sino que incluyen realidades económicas que cambian más rápido de lo que los agricultores locales pueden adaptarse.
La sequía, que ya dura varios años, ha secado literalmente las esperanzas de una cosecha estable. Los inviernos se han vuelto demasiado cálidos, por lo que los árboles no reciben el frío necesario para una floración adecuada. Como resultado, la formación de nueces es deficiente y algunos árboles incluso mueren. La situación es especialmente grave en los huertos de montaña: la desaparición de los árboles viejos priva a la zona de una fuente fundamental de polen, sin la cual las nuevas plantaciones no pueden producir adecuadamente.
Pero no es solo el clima lo que pone en jaque a los agricultores. El mercado se ve dominado por importaciones baratas, y las nueces locales, a pesar de su alta calidad, no pueden competir en precio. En los últimos diez años, la superficie cultivada ha pasado de 30.000 a 12.000 hectáreas, y solo unas 9.000 realmente producen frutos. Muchas explotaciones están al borde de la supervivencia, y buena parte de los campos han sido abandonados.
Ante esta situación, científicos y agricultores buscan soluciones no convencionales. Una de las propuestas es utilizar la polinización artificial para compensar la falta de polen. También se estudia la posibilidad de riego con aguas residuales tratadas, aunque los nogales son muy sensibles a la calidad del agua. En la región se ha puesto en marcha el proyecto ADAPTEX, que agrupa investigaciones sobre nuevas variedades, protección contra el calor y control de plagas. Todo ello busca ayudar a los productores locales a sobrevivir en las nuevas condiciones.
Sin embargo, el problema no es solo tecnológico. Los jóvenes no muestran prisa por continuar con el trabajo familiar: las labores del campo parecen demasiado duras e inestables. Muchos se ven obligados a buscar ingresos adicionales, combinando la agricultura con otras ocupaciones. A pesar de todo, los entusiastas no se rinden — creen que los nogales aún pueden recuperarse si se logran precios justos y apoyo para los productos locales. En Tarragona se organizan festivales y concursos dedicados a la nuez para recordar a los habitantes la importancia de este cultivo en la región e inspirar a las nuevas generaciones de agricultores.












