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El hotel más pequeño del mundo en El Hierro misterio de un refugio entre las olas del Atlántico

Descubre los rincones de Canarias donde el océano se vive de verdad

En El Hierro se encuentra un hotel singular, reconocido como el más pequeño del mundo. Sus huéspedes se olvidan del tiempo y se sumergen en una atmósfera de total privacidad. Descubre este lugar único al filo del Atlántico.

En el norte de la isla de El Hierro, donde los acantilados se funden con el océano, emerge inesperadamente un edificio oscuro, como si hubiera brotado de la roca volcánica. Este es el Hotel Puntagrande, un lugar que se ha convertido en leyenda entre los viajeros que buscan algo verdaderamente especial. Sus muros, que han resistido numerosas tormentas, parecen invitar a dejar atrás el bullicio y fundirse con el sonido de las olas.

En la diminuta localidad de Las Puntas, en el municipio de Frontera, este hotel ostenta oficialmente desde 1987 el título de ser el más pequeño del mundo. Pero no es solo su tamaño lo que lo hace único. Aquí, cada huésped se sumerge en una atmósfera donde el tiempo parece detenerse y el océano se convierte en el protagonista de cada jornada.

Vivir al borde

Dentro del hotel se respira un ambiente especial. Los huéspedes sienten que están a bordo de un antiguo barco, anclado para siempre junto a los acantilados. Las olas golpean las rocas y, tras las ventanas, solo se extiende el inmenso Atlántico. No hay televisores en las habitaciones, y no es casualidad: aquí se valora la posibilidad de desconectarse por completo del mundo exterior y sentirse parte de la naturaleza.

Cada mañana comienza con el amanecer sobre el agua y cada atardecer regala una puesta de sol inolvidable. Las ventanas dan directamente al océano y parece que el horizonte está al alcance de la mano. En este lugar es fácil perder la noción del tiempo y simplemente escuchar cómo el viento juega con las olas.

Una historia familiar

Desde 2018, la familia Nahmias, llegada de Italia, gestiona la vida del hotel. Ellos le dieron nueva vida a Puntagrande, manteniendo su espíritu marinero y apostando por la sostenibilidad. Aquí, cada huésped no es solo visitante, sino parte de una pequeña familia. El lema del hotel es claro: llegas como turista, te marchas como amigo.

El hotel cuenta con solo cuatro habitaciones y una acogedora suite. Los interiores están decorados con materiales naturales y la temática marinera está presente en cada detalle. El ambiente invita a conversaciones tranquilas y a contemplar la naturaleza.

Detalles y tradiciones

En la sala de estar y el restaurante se expone una curiosa colección: en las paredes cuelgan matrículas de barcos de todo el mundo y, en una esquina, reposa un auténtico traje de buceo del siglo XIX. Estos detalles evocan que Canarias siempre ha sido un punto clave en las rutas marítimas.

Un lugar especial es el Club del Puro, donde se pueden degustar puros y bebidas selectas. Aquí se reúnen tanto conocedores como aficionados para disfrutar de aromas y sabores en un ambiente relajado, compartir impresiones y simplemente descansar.

Reconocimientos y premios

A lo largo de los años, Puntagrande ha recibido numerosos galardones. En 2025, el hotel fue distinguido con la prestigiosa ‘Llave Michelin’ por su autenticidad y alto nivel de servicio. También posee el certificado DCA – Dream & Charme Assurance, que avala su compromiso ecológico y su enfoque de hospitalidad de lujo. En 1991, recibió la Medalla de Plata por su contribución al turismo, otorgada por el Gobierno de Canarias, y desde 2018, el edificio está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).

Un viaje en el tiempo

La historia del edificio se remonta al siglo XIX, cuando en este lugar se construyó un almacén para guardar vino, higos, almendras, licores y agua del famoso pozo Pozo de la Salud. Esta agua era considerada curativa y en 1949 recibió el estatus de bien de utilidad pública. Más tarde, aquí se instalaron equipos portuarios, y el edificio cambió varias veces de uso: funcionó como discoteca, restaurante y, finalmente, en 1987 se convirtió en hotel. El arquitecto José Luis Jiménez Saavedra llevó a cabo la restauración, conservando los muros de lava y las vigas de madera para que la construcción se integrara armoniosamente en el paisaje agreste.

Hoy en día, el Hotel Puntagrande no es solo un lugar donde pasar la noche, sino un universo propio donde cada visitante descubre algo especial. No hay prisas, solo el océano, el viento y la sensación de estar en el fin del mundo.

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