
En la sala del tribunal, donde continúa el juicio por la catástrofe de 2024, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), Miguel Polo, se convirtió en el centro de atención. Fue citado para dar explicaciones sobre por qué la información sobre la repentina crecida del cauce del Poyo no fue comunicada a tiempo a los servicios de emergencia y a otros participantes en la coordinación de acciones.
La riada, que se cobró la vida de 229 personas, fue la mayor tragedia en la región en las últimas décadas. Durante el interrogatorio, Polo admitió que a las 18:43 el organismo ya tenía conocimiento de que el nivel del agua había superado el umbral crítico: en ese momento, se envió a los servicios de emergencia por correo electrónico información sobre un caudal de 1686 metros cúbicos por segundo. Sin embargo, según sus palabras, esto no le sorprendió, ya que había presenciado volúmenes de agua aún mayores pasando por canales más estrechos, y no consideró necesario llamar la atención de sus colegas sobre ello en la reunión vespertina.
Polo subrayó que su principal tarea consistía en controlar la situación en la presa de Forata, de la que la CHJ es directamente responsable. Estaba convencido de que los servicios de emergencia actuaban según sus propios protocolos y que su organismo había cumplido con su parte al enviar la información a través del procedimiento habitual. En su opinión, no era necesario un aviso verbal adicional, ya que todos los datos ya se habían transmitido por correo electrónico.
Al mismo tiempo, el presidente de la CHJ señaló que el seguimiento de las crecidas es una responsabilidad colectiva y que no solo su organismo debía vigilar la situación. También mencionó que la primera señal de alarma se envió ya a las 16:15, pero el siguiente aviso sobre el brusco aumento del nivel del agua llegó solo más de dos horas después. Polo calificó de innecesaria una segunda comunicación, lo que generó desconcierto entre muchos de los involucrados.
Las acciones y decisiones de Miguel Polo ese día provocaron una ola de críticas. Los familiares de las víctimas y representantes de la sociedad consideran que la falta de una alerta oportuna y el escaso control sobre el desarrollo de la situación agravaron las consecuencias de la catástrofe. El proceso judicial continúa y la sociedad espera respuestas sobre si era posible evitar una tragedia de tal magnitud.












