
Madrid acogió la clausura de una conferencia que reunió a los embajadores españoles de todo el mundo. En el acto de cierre, el rey Felipe VI pronunció un discurso que sonó como una seria advertencia para toda Europa. El monarca no ocultó su preocupación: según sus palabras, las relaciones entre Europa y Estados Unidos se encuentran al borde de la ruptura. Señaló que mantener esta alianza es cada vez más difícil y que los diplomáticos deben demostrar no solo templanza, sino también mucha valentía.
Felipe VI recordó que el actual orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial ha sido la base para el desarrollo de la democracia y la estabilidad en el continente. Sin embargo, a su juicio, ese orden hoy se encuentra amenazado. El rey no mencionó nombres, pero sus palabras apuntaban claramente a las acciones impredecibles de la administración estadounidense, especialmente en el contexto de los acontecimientos recientes en Venezuela.
Un desafío para la alianza
El monarca subrayó que conservar la asociación transatlántica es una tarea que compete no solo a los políticos, sino a todos los europeos. Llamó a la confianza mutua, la honestidad y el respeto a las normas internacionales. En su discurso incluyó una crítica hacia quienes incumplen estas normas, incluso si se trata de aliados. Felipe VI dejó claro que, si Europa y Estados Unidos se separan definitivamente, todos saldrán perdiendo.
El rey prestó especial atención a la situación en Venezuela. Expresó su satisfacción por la liberación de cinco españoles detenidos en ese país y subrayó que España está dispuesta a apoyar una transición pacífica hacia la democracia. Al mismo tiempo, Felipe VI dejó claro que solo los propios venezolanos tienen derecho a decidir su destino, y no factores externos.
Desafíos de la actualidad
Por primera vez en mucho tiempo, el rey se pronunció abiertamente sobre los acontecimientos en América Latina. No repitió la postura del gobierno, que condenó enérgicamente la intervención militar, pero dejó claro que España defiende el derecho internacional. Según sus palabras, no se puede aceptar en silencio la violación de estos principios, incluso si son las grandes potencias quienes los infringen.
Felipe VI advirtió que, si se renuncian a las reglas que durante años han definido las relaciones internacionales, el mundo podría retroceder un siglo. En el contexto de las tecnologías modernas, esto supone consecuencias imprevisibles. Recordó que son precisamente las democracias quienes tienen una responsabilidad especial en mantener un orden basado en la razón y no en la fuerza bruta.
España y Europa
El monarca tampoco dejó de lado los problemas internos europeos. Recordó que, a pesar de las críticas hacia organizaciones internacionales como la ONU y las imperfecciones del derecho internacional, solo la cooperación y el diálogo pueden acercar al mundo a la estabilidad y el desarrollo. A su juicio, la alternativa es el caos y el aislamiento.
Felipe VI subrayó que España sigue siendo un aliado fiable y no permitirá que el futuro del continente se decida sin su participación. Advirtió sobre la tentación de contraponer la soberanía nacional al proyecto europeo. Según sus palabras, solo unidas las naciones de la UE pueden reforzar su influencia y proteger los intereses de sus ciudadanos.
Inestabilidad global
Al concluir su intervención, el Rey volvió a referirse al tema de la seguridad. Declaró que los pilares fundamentales de la estabilidad mundial están hoy amenazados. España, aseguró, no tiene intención de quedarse al margen y defenderá los principios sobre los que se construyó el orden mundial tras la guerra.
En sus palabras se percibía inquietud, pero también una llamada a la acción. Felipe VI dejó claro que España no acepta que su futuro se decida a sus espaldas. En un contexto en el que las alianzas tradicionales se tambalean, el país está dispuesto a defender sus intereses y a respaldar a quienes creen en la fuerza del derecho internacional y la cooperación.












