
En Cataluña volvieron a funcionar los trenes de cercanías Rodalies, que estuvieron paralizados durante dos días debido a una serie de incidentes y protestas. La mañana del viernes, las estaciones de Barcelona y otras ciudades de la región recibieron por primera vez en 48 horas a las habituales multitudes de pasajeros rumbo al trabajo y a clases. Sin embargo, pese a la reanudación del servicio, la situación dista de ser ideal: en varias líneas aún se registran importantes retrasos y la línea R4 está siendo cubierta temporalmente por autobuses.
La causa del colapso del transporte fue una serie de incidentes que comenzaron con intensas lluvias al inicio de la semana. El martes por la noche, dos trenes descarrilaron casi simultáneamente: primero entre Blanes y Maçanet, y luego en Gelida, donde el derrumbe de un muro provocó la muerte de un maquinista en prácticas. Tras esto, las autoridades decidieron suspender completamente el servicio de Rodalies para comprobar la seguridad de toda la red.
Consecuencias del accidente
La recuperación del servicio ferroviario no ha sido sencilla. En la línea R4, donde ocurrió la tragedia, continúan las labores para retirar los vagones dañados. Entre Sant Vicenç de Calders y Martorell, los trenes han sido reemplazados por autobuses, mientras que en el resto de los trayectos los trenes operan con interrupciones. Además, la autopista AP7 sigue cerrada en dirección sur entre Martorell y Sant Sadurní d’Anoia, lo que complica aún más la situación del transporte.
Las autoridades de Cataluña (Govern) se vieron obligadas a habilitar rutas alternativas de manera urgente y a incrementar el número de autobuses para intentar paliar la falta de trenes. Durante las horas punta se registraron atascos en las carreteras y los usuarios denunciaron autobuses abarrotados y largas esperas. No obstante, para el viernes el ambiente en las principales estaciones era notablemente más tranquilo, aunque aún queda mucho para recuperar la normalidad.
Negociaciones difíciles
La recuperación del servicio no solo se vio obstaculizada por las consecuencias de los incidentes, sino también por las prolongadas negociaciones entre la dirección de la empresa ferroviaria y los maquinistas. Estos últimos expresaron su preocupación por la seguridad y exigieron garantías adicionales. Esto retrasó aún más la reanudación de los trenes y aumentó la tensión en una situación ya complicada.
Durante la madrugada del viernes, los servicios técnicos trabajaron ininterrumpidamente para devolver los trenes a las vías. La primera línea en reabrirse fue la R2 Norte, que conecta Granollers con el aeropuerto de Barcelona El Prat. Sin embargo, representantes de la compañía advirtieron que todavía no será posible evitar totalmente las incidencias y recomendaron a los pasajeros estar preparados para posibles cambios inesperados en los horarios.
Pasajeros y caos
Para los habitantes de Cataluña, estas 48 horas se convirtieron en una auténtica prueba. Muchos quedaron aislados de su trabajo, estudios y gestiones familiares. En las estaciones de Barcelona reinaba un ambiente de confusión e irritación: la gente intentaba encontrar rutas alternativas para llegar a su destino, aunque no siempre con éxito. La peor parte la vivieron quienes residen en los suburbios y dependen diariamente de Rodalies.
En redes sociales y en las calles continuaban los debates sobre quién era el responsable de la situación. Algunos acusaban a la empresa ferroviaria de negligencia; otros, a las autoridades por no estar suficientemente preparadas para emergencias. Pero lo cierto es que la infraestructura de Rodalies no estaba lista para semejante estrés, y las consecuencias de los accidentes y protestas evidenciaron la vulnerabilidad de todo el sistema.
Mirada al futuro
Actualmente, el tráfico ferroviario poco a poco recupera su ritmo habitual, pero el incidente ya ha provocado intensos debates sobre el estado de la red ferroviaria en Cataluña. Cuestiones como la seguridad, la modernización de la infraestructura y la coordinación entre empresas y sindicatos vuelven a estar en el centro de atención. Mientras tanto, a los pasajeros solo les queda esperar que no se repitan fallos similares y que autoridades y personal ferroviario aprendan de este caos vivido.












