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Un temporal destruye el paseo marítimo de Matalascañas y pone en peligro el resort turístico

¿Cuál es el futuro de las viviendas junto al mar tras el paso del temporal?

Un fuerte temporal arrasa el paseo marítimo de Matalascañas. Vecinos evacuados ante el riesgo de derrumbe de viviendas. Las autoridades valoran el costoso traslado del paseo.

El temporal no perdonó la costa de Matalascañas, en la provincia de Huelva. Las poderosas olas generadas por la tormenta Francis literalmente borraron del mapa el paseo marítimo, que se extendía por más de cuatro kilómetros. Tres chiringuitos quedaron completamente destruidos y decenas de viviendas están en riesgo de colapso. Unas quince familias tuvieron que abandonar sus casas de inmediato al confirmarse que los cimientos enfrentaban una catástrofe inminente.

El problema de la falta de arena en este tramo de litoral, limítrofe con el Parque Nacional de Doñana, no es nuevo. Sin embargo, este último temporal ha sido la gota que colmó el vaso: la infraestructura, diseñada para 150.000 veraneantes cada año, quedó prácticamente arrasada en cuestión de horas. Los vecinos están en estado de pánico: el mar avanza y la vida cotidiana se desmorona ante sus ojos.

Peligro para las viviendas

“Tengo miedo de que nuestra casa se derrumbe”, reconoce una vecina. “El agua no retrocede y las olas siguen erosionando la orilla”. Según explica, cada año el mar se lleva más arena y ahora la amenaza es real para cientos de familias. Las autoridades plantean una solución drástica: trasladar por completo el paseo marítimo tierra adentro. Pero no es sencillo: supondría demoler doscientas edificaciones, entre ellas no solo villas particulares, sino también edificios de varias plantas con cientos de apartamentos.

El Ayuntamiento estima el coste de este proyecto en 600 millones de euros. Pero incluso si se consiguen los fondos, la ejecución llevará al menos diez años. Durante ese tiempo, el mar podría ganar aún más terreno y los vecinos podrían quedarse sin hogar. Por ahora, no hay alternativas a la vista: reforzar el antiguo paseo marítimo no tiene sentido, ya que cada nuevo temporal solo agrava la situación.

Arena y diques

El problema se agrava porque en las últimas décadas la costa ha perdido su aporte natural de arena. Antes, los ríos traían cada año cientos de miles de metros cúbicos de arena, pero la construcción de presas y espigones en la zona de Huelva y Mazagón ha alterado las corrientes. Ahora la arena se deposita en otros lugares, dejando a Matalascañas sin protección frente al mar.

El Ministerio de Ecología ya reconoció en 2018 que para salvar la playa era necesario aportar al menos 700.000 metros cúbicos de arena. Sin embargo, las obras han comenzado solo recientemente y el temporal tomó a todos por sorpresa. Mientras las autoridades discuten el futuro, los vecinos temen que la próxima ola destruya lo poco que queda de sus casas e infraestructuras.

Medidas de emergencia

Las autoridades han abierto un centro especial de ayuda para los afectados. Pero esto claramente no es suficiente: la amenaza de una catástrofe ecológica es cada vez más real. El temporal ya ha dañado la valla de la depuradora local y, si el mar rompe la protección, las aguas residuales podrían llegar al mar. Esto pondría en riesgo tanto a los habitantes como a la naturaleza única del Parque Nacional de Doñana.

El alcalde de la ciudad no solo culpa al clima de lo que sucede, sino también a errores del pasado: «Durante ocho años esperamos soluciones, y ahora lo estamos perdiendo todo». Exige acciones inmediatas por parte del ministerio, ya que cualquier demora podría provocar aún más pérdidas. En los próximos días se espera una nueva oleada de tormentas, y nadie se atreve a predecir qué quedará del paseo marítimo tras el siguiente embate del mar.

Un punto de inflexión

Las autoridades admiten que ha llegado el momento de cambiar la forma de vivir junto al mar. «Debemos aprender a convivir con un mar cada vez más agresivo», señala un portavoz del ministerio. Las soluciones temporales, como aportar arena o reforzar los espigones, solo aplazarán lo inevitable. La verdadera solución implica reubicar el paseo marítimo y abandonar el modo de vida habitual en primera línea.

¿Pero están preparados los vecinos? Para muchos, esto no es solo un golpe económico, sino una auténtica tragedia. El modo de vida que conocían se desmorona y el futuro es incierto. El clima está cambiando y la costa de España ya no volverá a ser como antes. Solo queda por saber cuántas casas y playas más desaparecerán antes de que el cambio se haga realidad.

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