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El temporal destruye la playa de Matalascañas y pone en riesgo viviendas junto a Doñana

Descubre quién está detrás del desastre en la costa de Huelva

El temporal arrasó parte de la playa de Matalascañas y dejó decenas de edificios en peligro Las autoridades debaten quién debe proteger la zona turística

La costa de Matalascañas, en la provincia de Huelva, se ha convertido en el epicentro de una verdadera tragedia. Tras una reciente tormenta que azotó el suroeste de Andalucía, el mar literalmente se tragó parte de la playa y la emblemática Torre de la Higuera volvió a quedar rodeada de agua. Residentes y turistas presencian cómo la naturaleza borra sin piedad el paisaje habitual, mientras decenas de casas y hoteles están al borde del colapso.

Las autoridades del municipio de Almonte estiman los daños en nueve millones de euros. Los responsables locales no ocultan su enojo y acusan al Ministerio para la Transición Ecológica de inacción y lentitud. Según afirman, las peticiones para realizar trabajos urgentes de restauración del litoral fueron ignoradas, y ahora las consecuencias son catastróficas. Como resultado, unos cincuenta edificios están en riesgo y una vivienda ha tenido que ser evacuada.

El destino vacacional en peligro

Matalascañas no es simplemente una pequeña localidad costera. Habitualmente aquí viven alrededor de 2.500 personas, pero en verano la población llega a los 150.000. Es el destino favorito de los habitantes de Huelva y Sevilla. Ahora este enclave turístico corre el riesgo de perder su atractivo: la playa desaparece e infraestructuras básicas se están deteriorando rápidamente.

El alcalde Francisco Bella no oculta su indignación. Afirma que la tragedia era previsible y responsabiliza al ministerio de no haber tomado las medidas necesarias. Según sus palabras, los trabajos de refuerzo de la playa debieron haberse iniciado antes del temporal, especialmente en la zona de Poblado Andaluz, donde los daños han sido mayores.

Medidas de emergencia

Fue necesario recurrir a las fuerzas militares: la Unidad Militar de Emergencias acudió para colaborar. Su misión es evaluar los riesgos y evitar que los daños vayan a más. Las autoridades solicitaron de inmediato que la zona sea declarada área catastrófica para acceder a recursos adicionales de recuperación.

Paralelamente, representantes del Gobierno y la Junta de Andalucía celebraron una reunión urgente con el ayuntamiento. Se decidió que en el plazo de una semana comenzarían los trabajos de restauración del litoral. Para ello emplearán maquinaria especial: mediante tuberías de un kilómetro de longitud, se bombeará arena para devolver a la playa su anchura original de 25 metros. Además, está previsto construir espigones para proteger la costa de futuras inclemencias.

Conflicto de intereses

Sin embargo, tras bambalinas se libra no solo la lucha contra las consecuencias del temporal, sino también un agudo conflicto político. El alcalde de Almonte mantiene un enfrentamiento abierto con el ministerio dirigido por Sara Aagesen. Recuerda que de los 56 kilómetros de costa del municipio, solo cuatro están urbanizados y que todas las licencias fueron obtenidas conforme a la ley. Ahora, el ministerio plantea una solución radical: trasladar el paseo marítimo tierra adentro.

Según las autoridades locales, esta medida conllevaría la expropiación masiva de inmuebles y enormes indemnizaciones. Más de 300 edificios construidos en los años 60 quedarían amenazados de demolición. El alcalde considera que estas propuestas no tienen en cuenta los intereses de los vecinos ni de los negocios, y tampoco resuelven el problema principal: la pérdida de arena en la playa.

Causas y consecuencias

El ayuntamiento sostiene que una de las causas principales de la erosión es el antiguo espigón construido hace más de medio siglo. Dificulta la llegada natural de arena, lo que provoca que la playa pierda cientos de metros cúbicos cada año. Los vecinos opinan que no deben ser ellos quienes paguen por errores del pasado, sino el Estado.

El futuro de Matalascañas y de toda la costa de Doñana sigue sin resolverse. Se avecinan complicadas negociaciones entre el ayuntamiento, el Gobierno y el ministerio. Ya se ha fijado un encuentro en Madrid donde las partes intentarán alcanzar un compromiso. El alcalde insiste en que cualquier decisión debe tomarse escuchando a los habitantes locales, y no imponerse desde arriba.

En busca de una solución

Por ahora, la playa sigue en riesgo y las previsiones meteorológicas no son alentadoras. Si no se toman medidas urgentes en breve, las consecuencias podrían ser irreversibles. Las autoridades prometen un “salvavidas” para el destino turístico, pero casi no queda tiempo para reflexionar.

La situación en Matalascañas es una señal de alarma para todas las regiones costeras de España. La naturaleza no perdona a nadie, y las disputas burocráticas solo agravan los efectos. El problema no es solo de dinero o tecnología, sino también de la capacidad de llegar a acuerdos por un futuro común.

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