
En Cataluña, el octavo aniversario de los acontecimientos de octubre de 2017 pasó prácticamente desapercibido. Esta vez, ni los políticos ni la sociedad mostraron especial interés por una fecha que hasta hace poco generaba intensos debates y movilizaciones masivas. Incluso entre los partidarios de la independencia no se percibió el entusiasmo de años anteriores: sus reuniones fueron poco concurridas y sus declaraciones apenas recibieron atención en la prensa.
A principios de mes, activistas de uno de los partidos se reunieron en la pequeña localidad de Cornellà de Terri (Girona), donde hace ocho años votó Carles Puigdemont. Recordaron nuevamente los resultados del referéndum e hicieron un llamamiento para completar la tarea iniciada. Sin embargo, incluso este acto pasó casi inadvertido para el público general. Los medios centraron su atención en otros acontecimientos y no en los habituales llamados a la independencia.
Ese mismo día en Barcelona, el presidente del Consell per la República Catalana emitió una declaración señalando que estaba dispuesto a levantar la suspensión de la declaración de independencia si el Parlament no tomaba las medidas correspondientes. Pero sus palabras no generaron impacto alguno; se quedaron dentro de las paredes del auditorio donde tuvo lugar la intervención. Incluso el videomensaje de Puigdemont apenas sumó unos miles de visualizaciones, una cifra muy baja para un evento de este calibre.
El 3 de octubre, cuando se podía esperar movilizaciones en recuerdo de la huelga general de 2017, la atención pública se centró en las protestas estudiantiles en apoyo a Palestina. Este tema acaparó por completo las portadas de los periódicos y los informativos, relegando la cuestión catalana a un segundo plano. Hacia finales de mes quedó claro: ninguno de los partidos que antes participaban activamente en el movimiento independentista organizó actos públicos ni actividades conmemorativas.
Resulta especialmente significativo que los líderes del movimiento estuvieran ocupados con asuntos políticos internos. En concreto, los representantes de Junts seguían de cerca las decisiones de su líder, quien podía influir en la formación del nuevo gobierno de España. Como consecuencia, el aniversario de los eventos de 2017 pasó prácticamente desapercibido, reflejando un descenso notable del interés por el tema y un cambio en el clima político de la región.












