
Las consecuencias del reciente accidente ferroviario en Adamuz ya trascienden el sector del transporte y podrían afectar a miles de españoles. Surgen dudas sobre la calidad de la infraestructura, la transparencia de los contratos y la responsabilidad de las empresas implicadas, generando un debate público. Están en juego la confianza en el sistema de alta velocidad y la seguridad de los pasajeros en uno de los corredores más relevantes del país.
El foco de la investigación se centra en la amplia modernización del tramo entre Guadalmez y Córdoba, lugar donde ocurrió el incidente. Decenas de empresas participaron en el proyecto, con contratos que superaron varios cientos de millones de euros. Ahora, los investigadores analizan no solo los aspectos técnicos, sino toda la cadena de subcontrataciones para determinar dónde pudo producirse un error crítico.
Quién responde por la infraestructura
La empresa pública Adif Alta Velocidad fue clave en el proyecto, ya que gestiona cuatro mil kilómetros de vías ferroviarias de alta velocidad. Esta entidad impulsó la renovación de la línea Madrid-Sevilla en 2021 y es responsable del estado de las vías una vez finalizadas las obras. Actualmente, el personal de Adif recopila toda la documentación sobre las reparaciones, incluidos informes de inspección de rieles y soldaduras, para entregarla a la comisión investigadora del accidente.
En la modernización participó un consorcio formado por las cuatro mayores empresas constructoras del país: Ferrovial, FCC, OHLA y Azvi. Cada una de ellas aportó una parte igual en un proyecto valorado en más de 50 millones de euros. Su propuesta resultó una de las más competitivas en precio y características técnicas, lo que les permitió ganar la licitación. Al finalizar las obras, el mismo consorcio obtuvo el contrato de mantenimiento del tramo. Según los representantes de las compañías, todos los requisitos del cliente se cumplieron estrictamente según las especificaciones.
Proveedores y contratistas
Prácticamente todo el material de vías para las líneas de alta velocidad en España lo suministra ArcelorMittal, líder mundial de la siderurgia. Según los expertos, la empresa provee hasta el 99% de los raíles en el país. Durante la investigación ya se ha retirado un lote de raíles para análisis de laboratorio, incluyendo el elemento que podría haber provocado el accidente. Se presta especial atención a la unión entre un raíl nuevo, fabricado en 2023, y uno antiguo instalado a finales de los años ochenta. Precisamente en ese punto, según los datos preliminares, se produjo la fractura que ocasionó el descarrilamiento del tren.
También desempeñó un papel clave la pequeña empresa gallega Maquisaba, especializada en soldadura aluminotérmica de raíles. Sus técnicos realizaron las 114 uniones soldadas en el tramo problemático. En la documentación ya figuran los nombres de los empleados responsables de la unión crítica entre diferentes tipos de raíles. Según Adif, se cumplió la tecnología de soldadura y la calidad de los trabajos estuvo dentro de los estándares.
Control técnico y auditoría
La empresa de ingeniería Ayesa de Sevilla, una de las más grandes del país, fue la encargada del control de calidad de las labores de soldadura. Sus expertos realizaron pruebas visuales y ultrasónicas, además de utilizar líquidos especiales para detectar defectos. Según los resultados de las inspecciones realizadas en verano del año pasado, no se detectaron infracciones graves. Todas las uniones se consideraron aptas para su operación.
En la investigación también se menciona a la empresa Redalsa, que pertenece parcialmente a Adif. Esta compañía se especializa en la soldadura eléctrica de raíles; sin embargo, en este caso su participación se limitó a otros tramos de la línea. Tras el accidente, los representantes de Redalsa subrayaron que no realizaron soldaduras aluminotérmicas en el kilómetro problemático, pero expresaron su disposición a colaborar con la investigación.
Operadores y consecuencias
En el incidente estuvieron implicados dos operadores ferroviarios. El tren descarrilado pertenecía a Iryo, controlada por el operador estatal italiano Ferrovie dello Stato. Iryo opera en el mercado español desde 2022 y compite activamente con Renfe en rutas clave. El accidente ocurrió en la línea Málaga-Madrid, y la empresa espera ahora los resultados de la investigación para comprender cómo pudo suceder esto en un tramo recién renovado.
Toda esta situación ya ha generado un intenso debate entre expertos y ciudadanos. Persisten las dudas sobre la transparencia de las licitaciones, la calidad de los materiales y la responsabilidad de los contratistas. La sociedad española espera respuestas que podrían afectar el futuro de todo el sector ferroviario del país.












