
La situación de la vacunación en el País Vasco ha captado la atención de todo el país: se reveló que cientos de residentes, incluidos bebés, recibieron dosis de vacunas caducadas. Para las familias españolas, esto no solo es una señal de alarma, sino también un motivo para reflexionar sobre la fiabilidad del sistema sanitario y el control de la seguridad en los procedimientos médicos. El error cometido en la cadena de suministro y administración de las vacunas puede afectar la confianza en las instituciones médicas públicas y generar una ola de preguntas sobre la transparencia en el funcionamiento de los servicios.
Las autoridades regionales reconocieron que se trata de un fallo grave que afectó a 253 personas. La mayoría son menores de un año, aunque entre quienes recibieron la vacuna caducada también hay adultos. Actualmente se debate si es necesario revacunar, especialmente en el caso de los pacientes más pequeños. La decisión se complica porque las opiniones de los expertos y las recomendaciones oficiales no coinciden, mientras que las familias exigen claridad y garantías sobre la seguridad.
Cronología de los hechos
El problema comenzó cuando, durante varios meses, en 12 de las 13 organizaciones sanitarias de la región se administraron dosis de vacunas cuyo periodo de validez había expirado ya en noviembre. Algunas se inocularon en los últimos días antes del vencimiento, pero más de un centenar de dosis fueron aplicadas después de la fecha oficial de caducidad, hasta mediados de enero. Entre los vacunados se encontraban bebés de dos y cuatro meses, niños de 11 años y cinco adultos de entre 42 y 69 años.
La vacuna en cuestión es la llamada hexavalente (hexavalente), diseñada para proteger contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, la polio, la hepatitis B y la infección por Haemophilus influenzae tipo B. Generalmente se administra en dos fases: primero a los lactantes y luego como dosis de refuerzo. En casos específicos, también se utiliza en adultos con el sistema inmunológico debilitado.
Fallos internos
Según el consejero regional de Sanidad, Alberto Martínez, el incidente fue causado por numerosos errores en el sistema de control interno. En particular, no se comprobó la fecha de caducidad del lote de vacunas adquirido hace dos años. Como resultado, los fármacos caducados entraron en circulación y se utilizaron en distintos centros médicos.
La investigación interna reveló que más de la mitad de las dosis se administraron ya en noviembre, cuando la fecha de caducidad acababa de expirar. El resto se aplicó en diciembre y enero, lo que generó especial preocupación entre los padres de los bebés. En total, la situación involucró a 50 enfermeras que manejaron estas vacunas, así como al personal de almacenes y centros de distribución.
Reacción social
El escándalo se hizo público después de que el partido opositor EH Bildu planteara la cuestión en el Parlamento y exigiera explicaciones a la ministra de Sanidad. La representante del partido, Rebeka Ubera, afirmó que las familias afectadas todavía no han recibido información clara de los centros médicos. Muchos padres se ven obligados a acudir por su cuenta a organismos sanitarios para saber qué hacer a continuación. Crece el malestar y la sensación de incertidumbre en la sociedad.
En una entrevista a la televisión local, Ubera subrayó que, de no ser por la intervención del partido, la situación podría haber pasado desapercibida durante más tiempo. Según dijo, la falta de un criterio unificado e instrucciones claras por parte de las autoridades no hace más que aumentar la preocupación entre las familias.
Próximos pasos
La cuestión sobre la necesidad de una revacunación permanece abierta. Inicialmente, el consejo de vacunación de la región era partidario de vacunar de nuevo a todos los afectados. Sin embargo, un informe reciente de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios recomienda no hacerlo en el caso de los bebés y solo repetir la vacunación en cinco adultos.
La alerta sobre el problema llegó de parte de una enfermera de Errenteria (Errenteria, Gipuzkoa), lo que dio inicio a una revisión de toda la cadena de suministro y administración de vacunas. Actualmente, los especialistas investigan dónde exactamente falló el proceso: desde el almacén hasta la consulta médica. La ministra de Sanidad subraya que el fabricante de la vacuna no es responsable de lo ocurrido y que los errores están relacionados únicamente con los procedimientos internos.
Control y confianza
Las autoridades prometen llevar a cabo una investigación exhaustiva y adoptar medidas para que esto no vuelva a suceder. La ministra Martínez reconoce que el factor humano fue determinante: «A veces, incluso los médicos olvidan revisar la fecha de caducidad, y en esta ocasión el error fue sistémico». La confianza en el sistema sanitario vuelve a estar en el centro del debate público, mientras las familias exigen respuestas claras y garantías de seguridad para sus hijos.











