
El año escolar en Madrid comenzó con serias dificultades para muchos alumnos y profesores. Decenas de centros educativos están en medio de reformas prolongadas, se han detectado grietas en las paredes y en algunos edificios aún no se ha retirado el peligroso amianto. Las aulas provisionales en módulos, que debían ser una medida temporal, se han convertido en la realidad habitual para muchos estudiantes.
La situación afecta no solo a zonas concretas, sino prácticamente a toda la región. En 35 municipios y distritos de la capital hay 77 colegios e institutos donde las obras de reforma no han finalizado. En algunos lugares los niños estudian entre andamios, en otros se ven obligados a asistir a clase en locales con claros signos de deterioro. En ciertos distritos como Moncloa-Aravaca, Barajas, Centro y Vallecas, el número de centros afectados es especialmente alto.
Los problemas no se limitan solo a la capital. En el norte de la región, por ejemplo en Colmenar Viejo, el amianto aún no ha sido retirado de los centros educativos y se observan grietas profundas en las aulas. En el sur, en ciudades como Getafe, Fuenlabrada, Móstoles y Leganés, se registran filtraciones, edificios sin terminar y constantes retrasos en la finalización de las obras. En algunos colegios los niños deben estudiar en condiciones donde parte de las instalaciones o el gimnasio están cerrados por riesgo de derrumbe.
Las zonas este y oeste de Madrid tampoco se han librado de los problemas. En Alcalá de Henares y Coslada, las nuevas escuelas abren sin mobiliario ni acceso a Internet, y los proyectos de ampliación se prolongan durante años. En la parte occidental de la región, por ejemplo, en Cercedilla y Collado Villalba, algunos centros funcionan con restricciones constantes debido a obras sin finalizar.
Padres y sindicatos insisten: la situación de la infraestructura escolar no es una casualidad, sino el resultado de años de financiación insuficiente y la ausencia de un plan claro de modernización. Exigen inversiones urgentes, un calendario transparente de obras y la retirada obligatoria del amianto de todos los centros educativos. Las autoridades regionales reconocen que algunas inspecciones han detectado el mal estado de los edificios, pero aseguran que los trabajos siguen el plan previsto y que no existe riesgo para la vida. Sin embargo, según los padres, cada curso escolar comienza con los mismos problemas: ruido de obras, patios cerrados y promesas que no se cumplen.
Organizaciones como la Federación de Asociaciones de Padres Francisco Giner de los Ríos llevan años luchando por mejorar la situación. Realizan movilizaciones, llevan los temas al Parlamento y exigen acciones concretas al gobierno regional. Aunque algunas propuestas han sido aprobadas, los cambios reales todavía no se perciben. Como resultado, miles de niños y profesores se ven obligados a enseñar y estudiar en condiciones lejos de lo ideal.












