
En la provincia de León ocurrió algo que hasta hace poco parecía imposible: ha nacido un polluelo de pigargo, un águila de gran tamaño que desapareció de España hace más de un siglo. Es la primera vez en 150 años que esta especie se reproduce en libertad en el país. Los padres del polluelo pertenecen al grupo que fue traído desde Noruega hace algunos años para recuperar la población.
El pigargo es un ave rapaz de grandes dimensiones, con una envergadura que alcanza los 2,4 metros. En el siglo XIX, esta especie desapareció por completo de los ecosistemas españoles debido a la persecución humana. Desde entonces, cayó casi en el olvido, y muchos desconocían que alguna vez estas águilas habitaron la península ibérica. En los últimos años, los esfuerzos para reintroducir al pigargo se han convertido en parte de un gran proyecto para restaurar la biodiversidad.
El proyecto de reintroducción comenzó en 2019, cuando España obtuvo permiso para importar aves desde Noruega. En cuatro años, se liberaron 25 ejemplares en distintas regiones del país. Aunque el número es modesto, ya se ha conseguido el primer nacimiento. Este logro supone un auténtico avance para los expertos, ya que normalmente estos procesos de adaptación y reproducción requieren mucho más tiempo.
Sin embargo, no todos recibieron la noticia con entusiasmo. En algunas regiones, como en Asturias, la llegada del pigargo despertó inquietud entre los ganaderos e incluso entre ciertos ecologistas. Les preocupa que un gran depredador pueda suponer una amenaza para el ganado o alterar el equilibrio del ecosistema. Por ello, en Asturias el proyecto fue suspendido y no se introdujeron nuevas aves. No obstante, los expertos aseguran que el pigargo prefiere alimentarse de peces, en especial de carpas y otras especies poco apreciadas, y que rara vez ataca a mamíferos.
Una parte fundamental del programa ha sido mejorar la seguridad de todas las aves: en las regiones del norte de España se modernizaron cientos de kilómetros de tendido eléctrico para reducir el riesgo de electrocución. Todos los ejemplares liberados llevan dispositivos GPS, lo que permite seguir sus movimientos y reaccionar rápidamente ante posibles amenazas, como envenenamientos.
Actualmente sólo quedan 17 ejemplares de pigargo en España, pero los especialistas confían en que el éxito del primer polluelo marque el inicio de una nueva etapa para la especie. Si se logra continuar con la liberación de nuevos individuos, la población podría recuperarse en los próximos años. Por ahora, el futuro del pigargo depende del apoyo institucional y de la disposición de la sociedad a aceptar el regreso de este raro depredador.












