
El sur de la Comunidad de Madrid se prepara para la llegada de una nueva planta de recogida y almacenamiento temporal de residuos a gran escala. Las autoridades autonómicas han elegido Móstoles como lugar para la construcción de la instalación, que contará con una superficie de 16.000 metros cuadrados y que está previsto que entre en funcionamiento en 2026. Sin embargo, el municipio vecino de Villaviciosa de Odón está completamente en desacuerdo con esta decisión y ha presentado nuevas objeciones, temiendo por el bienestar de sus habitantes.
El proyecto contempla la construcción de una plataforma de hormigón y una nave industrial donde se recibirán, clasificarán y almacenarán temporalmente chatarra, aparatos electrónicos en desuso y baterías agotadas. La empresa responsable de la ejecución ya gestiona instalaciones similares en otras ciudades de la región. Aunque la planta se ubica formalmente en el término municipal de Móstoles, está a escasos cientos de metros de zonas residenciales y del polígono industrial de Villaviciosa de Odón. Este hecho ha sido el principal motivo de descontento entre las autoridades locales.
Argumentos de los opositores y postura de Móstoles
El municipio de Villaviciosa teme que la aparición de esta instalación tenga un impacto negativo en el medio ambiente, el desarrollo de nuevas zonas residenciales e incluso pueda afectar al parque natural único por el que discurre el río Guadarrama. Además, los funcionarios locales están convencidos de que la infraestructura vial existente no será capaz de soportar el aumento del tráfico de camiones que inevitablemente traerá la puesta en marcha de la planta. En enero de 2025, ya trataron de bloquear el proyecto, alegando la proximidad a viviendas y los riesgos potenciales para el entorno, pero sus argumentos solo fueron parcialmente considerados.
En Móstoles, por el contrario, consideran que la nueva instalación es necesaria para una gestión eficiente de los residuos y que su funcionamiento no supondrá un deterioro en la calidad de vida. Según ellos, no se trata de un proceso de reciclaje, sino de almacenamiento temporal, y se cumplirán todas las normas relativas al ruido y las emisiones. Sin embargo, incluso dentro de Móstoles no todos apoyan la iniciativa: la oposición exige que se revise la decisión, señalando la falta de información a los vecinos y la cercanía de la planta a las viviendas de ambos municipios.
Preocupaciones medioambientales y próximos pasos
A las protestas se han sumado también grupos ecologistas, que denuncian que el terreno elegido está ya contaminado por hidrocarburos debido a actividades industriales anteriores. Además, advierten sobre la posibilidad de contaminación acústica por el funcionamiento de la maquinaria. A pesar de ello, las autoridades regionales no tienen intención de abandonar el proyecto y justifican su postura por el incremento del volumen de residuos y las nuevas exigencias legislativas.
El plazo para presentar objeciones vence el día 25 de este mes. Por ahora, las autoridades de Madrid no muestran disposición a ceder, y el conflicto entre los dos municipios vecinos sigue intensificándose. La cuestión de dónde se construirá la nueva planta aún está sin resolver, pero algo está claro: la lucha por la limpieza y el bienestar en las afueras de Madrid entra en una nueva fase.












