
El debate sobre el control de los pisos turísticos en Valencia vuelve al primer plano tras descubrirse que muchos siguen funcionando pese a los anuncios oficiales de cierres masivos. Para los vecinos, la cuestión va más allá de la política: se juegan el acceso a la vivienda, la tranquilidad de los barrios y el futuro del entorno urbano. La situación se agrava ante el aumento de precios y la escasez de pisos asequibles para residentes habituales.
El partido de la oposición Compromís organizó una operación mediática: miembros del grupo alquilaron un piso en el barrio de Malva-rosa que, según el Ayuntamiento, debería haber estado cerrado desde hace dos años. A pesar de ello, la vivienda se ofrecía sin restricciones en plataformas conocidas y dos noches costaron 177 euros. Esta acción responde a las declaraciones de la alcaldesa María José Catalá, según las cuales se han clausurado el 14% de todas las viviendas turísticas de la ciudad en sus dos años y medio de mandato.
Papi Robles, que compareció ante la prensa desde el propio piso alquilado, recalcó que el número real de inmuebles cerrados es mucho menor del que anuncia el Ayuntamiento. Asegura que de los mil cierres prometidos solo 800 han sido inspeccionados realmente y apenas una parte de ellos ha dejado de operar. Compromís ha solicitado en repetidas ocasiones el listado completo de direcciones clausuradas, pero solo ha recibido información parcial, lo que aumenta la sospecha sobre la transparencia del proceso.
Datos y declaraciones
El Ayuntamiento de Valencia, por su parte, insiste en que desde la introducción de la moratoria para la concesión de nuevas licencias en mayo de 2024, el número de apartamentos turísticos registrados ha disminuido de 10.516 a 9.057. Los representantes de la coalición gobernante acusan a Compromís y sus aliados de haber permitido, bajo su gestión, que la ciudad enfrentara una “avalancha” de alquileres ilegales. En respuesta, la oposición sostiene que las autoridades actuales solo aparentan combatir el problema y que los cambios reales son mínimos.
Los vecinos también participan activamente en el debate. Asociaciones de los barrios Cabanyal, Grau y Malvarrosa ya han enviado al ayuntamiento más de 450 solicitudes para frenar el crecimiento de los apartamentos turísticos. Aseguran que la proliferación de alquileres de corta duración está desplazando a los residentes tradicionales, alterando la vida cotidiana y agravando la crisis del mercado de la vivienda. Muchos se quejan de que las autoridades municipales no facilitan datos abiertos sobre los alojamientos legales y responden a las reclamaciones con respuestas formales.
Reacción y consecuencias
La situación del alquiler de viviendas en Valencia refleja una tendencia nacional: en las grandes ciudades de España crece la tensión entre los intereses del sector turístico y las necesidades de los residentes locales. La intervención policial y la introducción de nuevas normas no siempre dan lugar a cambios reales. En el caso del apartamento alquilado por Compromís se supo que la propiedad tenía una licencia concedida antes de la moratoria, una situación que se repite en la mayoría de casos similares.
Durante el debate sobre el problema, Compromís recordó que en los últimos años han presentado más de 5.000 denuncias contra pisos turísticos ilegales, recopiladas a través de un portal especial. Su objetivo es devolver la ciudad a la ciudadanía y no convertirla en un espacio alquilado para turistas. Representantes de asociaciones vecinales advierten que, sin una actuación decidida de las autoridades, la situación solo empeorará y los barrios junto al mar corren el riesgo de perder por completo su carácter tradicional.
En el contexto de la lucha por el espacio urbano, cabe mencionar otros conflictos entre Compromís y el ayuntamiento. Por ejemplo, recientemente las autoridades de Valencia amenazaron con sanciones por una campaña callejera contra los cambios en el transporte, lo que provocó una fuerte reacción ciudadana y fue tema de debate en el artículo sobre el enfrentamiento en torno a las acciones urbanas. Situaciones como esta subrayan la sensibilidad con la que se perciben en la ciudad cualquier intento de alterar el orden habitual.
Contexto y tendencias
En los últimos años, España ha endurecido las normativas sobre el alquiler de corta duración, especialmente en los principales destinos turísticos. En Barcelona y Madrid, las autoridades también han impuesto restricciones y realizan inspecciones para proteger los intereses de los residentes locales. Sin embargo, pese a las nuevas leyes, muchos alojamientos siguen operando en situación semilegal y los conflictos entre los ayuntamientos y la oposición se intensifican cada vez más. Lograr un equilibrio entre el turismo y el derecho a una vivienda asequible sigue siendo uno de los retos más complejos para las autoridades municipales.












