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Escándalo en Palencia migrantes trabajaban 17 horas en condiciones infernales

Desmantelada una red de explotación y amenazas en panaderías, cinco detenidos durante una operación policial con giros sorprendentes y detalles inéditos

En Palencia se desmanteló una red de explotación de migrantes. Las personas eran obligadas a trabajar sin descanso ni salario. La policía detuvo a cinco implicados y las condiciones laborales sorprendieron incluso a los inspectores.

En España vuelve a salir a la luz el problema de la explotación laboral de migrantes, que afecta no solo a las víctimas, sino a todo el sistema de control sobre las condiciones de trabajo. En Palencia, la policía detuvo a cinco personas que organizaron un esquema en el que 12 migrantes fueron obligados a trabajar en panaderías hasta 17 horas al día, sin descansos y sin pago alguno. Este caso pone sobre la mesa cuestiones de seguridad, derechos laborales y eficacia de la supervisión en el país.

Las víctimas quedaron atrapadas: fueron atraídas por falsas promesas de empleo legal, pero en realidad se enfrentaron a amenazas, vigilancia constante e imposibilidad de abandonar el lugar de trabajo. Los organizadores les exigían grandes sumas de dinero por la gestión de documentos y luego utilizaban esos papeles para chantajearlas, amenazando con su deportación si no obedecían. Las personas vivían en espacios reducidos, a menudo junto al área de producción, y no tenían la posibilidad de pedir ayuda.

Investigación y detenciones

Las primeras sospechas de la policía surgieron tras inspecciones en panaderías de Aguilar de Campoo y Ampudia. Durante la operación se realizaron registros simultáneos, se clausuraron dos instalaciones y se liberó a las 12 víctimas. Cuatro sospechosos fueron detenidos en Palencia y otro en Alicante. La investigación, llevada a cabo en colaboración con la Inspección de Trabajo, permitió detectar numerosas infracciones y recabar pruebas contra los organizadores.

El esquema se basaba en aprovechar vacíos administrativos: los sospechosos obtenían certificados que acreditaban la falta de mano de obra local para tramitar permisos de trabajo a extranjeros. Por estos servicios, los migrantes pagaban entre 15.000 y 20.000 euros a través de intermediarios. Sin embargo, al llegar a España, no les esperaban los empleos prometidos, sino amenazas constantes, videovigilancia y órdenes de mentir a las autoridades de control.

Condiciones laborales

Los trabajadores estaban sometidos a vigilancia constante mediante cámaras y se les prohibía comunicarse con la policía y los inspectores. En las panaderías, la temperatura superaba los 40 grados y las condiciones higiénicas eran tan precarias que los locales estaban infestados de insectos y roedores. Las jornadas iban de 10 a 17 horas diarias, sin días libres, vacaciones ni siquiera el salario mínimo. Algunos se veían obligados a desvestirse para soportar el calor insoportable.

La vivienda era proporcionada por los mismos explotadores, y a menudo consistía en habitaciones dentro de las propias instalaciones de producción o en casas vecinas. Durante los registros, la policía incautó dinero en efectivo y documentos que podrían convertirse en pruebas clave para la investigación. La operación sigue en marcha, y no se descartan nuevas detenciones.

Mecanismos de presión

Los organizadores utilizaban documentos administrativos como herramienta de coerción: si un trabajador no cumplía con las exigencias, amenazaban con anular su permiso de residencia y trabajo, lo que implicaba una deportación inmediata. Esto provocaba que las personas vivieran bajo un miedo constante, sin posibilidad de pedir ayuda ni abandonar el lugar de trabajo.

Todo el sistema se basaba en el engaño y la intimidación. A los trabajadores se les obligaba a ocultar la verdad ante los inspectores, y cualquier intento de denunciar era sofocado con amenazas. Como resultado, las víctimas quedaban completamente aisladas y dependientes de sus explotadores.

Contexto y consecuencias

Casos similares de explotación laboral de migrantes en España no son aislados. En los últimos años, la policía ha detectado repetidas veces en diferentes regiones del país esquemas ilegales donde extranjeros eran obligados a trabajar en la agricultura, la construcción y los servicios, sin remuneración y en condiciones peligrosas. En 2024, en Murcia y Almería se desmantelaron grandes redes donde cientos de personas trabajaban en campos e invernaderos, enfrentándose a amenazas y violaciones similares.

Las autoridades han endurecido la supervisión, pero el problema persiste debido a la alta demanda de mano de obra barata y la vulnerabilidad de los migrantes. Expertos señalan que para combatir eficazmente estos delitos se necesita no solo el trabajo policial, sino también un apoyo sistémico a las víctimas, además de informarles sobre sus derechos y opciones de protección. Cada nuevo caso subraya la importancia de la atención pública a este tema y la necesidad de reformas en el ámbito de la migración laboral.

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