
El Tribunal Supremo de España se encuentra en el centro de un sonado proceso político relacionado con las actividades del eurodiputado y líder del movimiento Se Acabó La Fiesta (SALF), Luis Pérez, conocido popularmente como Alvise. El foco está puesto en su relación con dos excompañeros de partido, Diego Soler y Nora Junco, quienes, tras romper con SALF, acusaron al político de acoso deliberado y de difundir sus datos personales.
Alvise se presentó voluntariamente ante el tribunal para declarar en el caso sobre una posible vulneración de la privacidad y ciberacoso. Durante el interrogatorio, admitió ser él quien publicó mensajes en su canal de Telegram en los que se daban datos personales de Soler y Junco. No obstante, el político insistió en que sus acciones no buscaban intimidar ni acosar, sino que eran una expresión de su postura política y de las discrepancias internas del partido. Además, calificó a sus excompañeros de “amigos”, subrayando que no pretendía hacerles daño.
Acusaciones y reacción
El abogado de los afectados, Guillermo Ruiz Blaiz, puso públicamente en duda la sinceridad de tales afirmaciones, señalando que la amistad no se corresponde con la retórica agresiva utilizada en Telegram. El propio Alvise, al hablar con periodistas frente al tribunal, se limitó a declarar su inocencia y se negó a dar detalles del interrogatorio, alegando su carácter confidencial. En su lugar, aprovechó la ocasión para promocionar su nuevo libro y augurar cambios políticos en Aragón, prometiendo “transformaciones en el gobierno regional”.
Soler y Junco presentaron una denuncia formal ante el Tribunal Supremo, alegando que durante varios meses fueron víctimas de ataques sistemáticos por parte de Alvise a través de distintas plataformas en línea. Según relatan, la publicación de datos personales derivó en amenazas y en la necesidad de modificar su vida cotidiana: se vieron obligados a cerrar cuentas en redes sociales, cambiar correos electrónicos e incluso sus números de teléfono. Los eurodiputados aseguran que esta campaña no solo puso en riesgo su seguridad, sino que también complicó seriamente su labor en el Parlamento Europeo y su vida familiar.
Cronología del conflicto
El punto álgido del enfrentamiento se produjo en torno a la votación sobre el programa europeo de armamento. Soler y Junco respaldaron la iniciativa, en contra de la posición de SALF, lo que provocó una contundente reacción de Alvise. En uno de sus pódcast, Alvise cuestionó públicamente las motivaciones de sus compañeros, sugiriendo la posible influencia de ‘lobbistas’, e instó a sus seguidores a ‘exigir explicaciones a los disidentes’. Posteriormente, en Telegram aparecieron mensajes llamando a recopilar información sobre Soler, así como publicaciones con sus datos personales, entre ellos perfiles en redes sociales, correo electrónico, fecha de nacimiento y fotografías.
En junio del mismo año, Hunco también fue objeto de críticas: en Telegram se publicó un mensaje acusándola de incumplir sus promesas y con fotografías que confirmaban que viajó en clase business a cargo del Estado. Según los afectados, tras estas publicaciones se enfrentaron a una oleada de insultos y amenazas, y se vieron obligados a cambiar sus rutas y rutinas diarias por temor a su seguridad.
Consecuencias para el partido
En mayo de 2025, Soler y Hunco anunciaron oficialmente su salida de SALF, acusando a Alvise de fomentar «métodos de chantaje y agresividad» y de alejarse de los principios de transparencia. Ambos políticos se sumaron al grupo de Conservadores y Reformistas Europeos, mientras que Alvise quedó fuera de esta agrupación debido a los procesos judiciales en curso.
El Tribunal Supremo, al analizar el caso, señaló que las acciones de Alvise podrían haber estado orientadas a una intervención deliberada en la vida privada de sus excolegas y a generar un entorno de acoso por parte de los simpatizantes de SALF. El juez Manuel Marchena, encargado de la investigación, ya ha escuchado el testimonio de Soler y Hunco, quienes ratificaron todos los puntos de su denuncia. Alvise fue invitado a declarar de forma voluntaria, ya que para otorgarle la condición oficial de acusado se requiere la autorización del Parlamento Europeo.
Investigaciones paralelas
Este no es el único caso en el que el nombre de Alvise aparece en los documentos del Tribunal Supremo. Ya hay otras tres investigaciones en curso contra el líder de SALF: una por la difusión de una PCR falsa del exministro de Sanidad y actual presidente de Cataluña, Salvador Illa; otra por acusaciones de ciberacoso a la fiscal de delitos de odio y discriminación en Valencia, Susana Gisbert; y una más por sospecha de financiación ilícita del partido a través de importantes donaciones de un empresario conocido como CryptoSpain.
La situación en torno a Alvise y SALF sigue siendo uno de los temas más debatidos de la política española, abriendo el debate sobre los límites del comportamiento aceptable en el espacio público y la responsabilidad de los líderes frente a las acciones de sus seguidores. Se esperan nuevas audiencias y, quizá, giros inesperados en este caso.











