
En la vida de Julio Iglesias ha llegado un momento que muchos califican como el más difícil de toda su extensa carrera. El nombre del legendario artista volvió a ocupar las portadas, pero esta vez no fue por su música ni por nuevos proyectos. Todo comenzó con una sorpresiva declaración de dos ex empleadas, quienes acusaron al cantante de acoso sexual y despidos improcedentes. Estas acusaciones representaron un verdadero golpe para el artista, que siempre había procurado mantener su vida privada alejada del foco público.
La situación se complicó aún más cuando varios ex trabajadores más se sumaron al caso, asegurando que sus despidos fueron injustos. En torno a Iglesias se desató una oleada de debates y su reputación quedó en entredicho. A pesar de la presión, el cantante no se rindió: contrató a uno de los abogados más reconocidos del país y rechaza categóricamente todas las acusaciones, calificándolas de inventos.
Defensa en soledad
Actualmente, Julio Iglesias prácticamente no mantiene contacto con el mundo exterior. Se refugió en su casa de Punta Cana, rodeado únicamente por sus abogados. Por decisión del propio cantante, su familia permanece momentáneamente a distancia, intentando así proteger a sus seres queridos de la oleada de atención y presión pública. En la mansión reina un clima de tensa espera: Iglesias se prepara para una batalla legal, sin permitir que nadie interfiera en este proceso.
Mientras unos discuten los detalles del escándalo, otros ponen el foco en las propiedades del cantante. Iglesias posee varias residencias de lujo: en Punta Cana, en Bahamas, en Indian Creek y en la famosa finca de Ojén (Ojén, Málaga). Sin embargo, la residencia adquirida recientemente en Galicia, en torno a la cual circulan muchas historias, despierta un interés especial.
La casa fantasma de Galicia
En abril de 2025, Iglesias compró una impresionante finca en Piñor (Piñor, Ourense): un terreno de más de mil quinientos metros cuadrados, con casa de invitados, lago artificial e incluso helipuerto. El anterior propietario fue un exalcalde de Ourense, con quien el cantante mantiene una amistad. Pese a la gran inversión y a las reformas ya terminadas, las puertas de esta casa siguen cerradas: Iglesias aún no ha visitado la nueva residencia. Los vecinos esperan con expectación su llegada, pero por ahora la casa recuerda a un fantasma, hermosa pero deshabitada.
Dicen que es precisamente su esposa, Miranda, quien se encarga de todos los asuntos domésticos, mientras el artista pospone su visita debido al escándalo. El año pasado tenía previsto viajar, pero cambió de planes. Ahora, según su entorno, el viaje a Galicia se ha postergado indefinidamente. En la pequeña localidad, con poco más de mil habitantes, la compra de Iglesias fue un auténtico acontecimiento, y su ausencia, motivo de rumores y comentarios.
Raíces y nostalgia
La razón por la que el cantante eligió precisamente Galicia está enraizada en sus orígenes familiares. Iglesias ha confesado en varias ocasiones sentir un vínculo especial con esta tierra: su padre, el reconocido ginecólogo Julio Iglesias Puga, nació en Ourense y solía regresar allí para descansar. El propio artista recuerda con calidez su infancia y habla de una «nostalgia por la patria». En 1972 dedicó a Galicia una de sus canciones más emblemáticas y, ahora, desearía pasar aquí más tiempo, aunque las circunstancias no se lo permiten.
Mientras la casa en Galicia permanece vacía, Iglesias sigue gestionando sus activos a través de una compleja red de empresas, muchas de ellas registradas fuera de España. En el país, sus intereses están ligados a las compañías Androsemo y Bellevue Costa del Sol, formalmente propiedad de su esposa, pero que controlan parte del patrimonio del cantante. Además, Iglesias estuvo involucrado en importantes proyectos inmobiliarios, como la exclusiva urbanización Villa Gadea en Altea (Alicante).
La investigación continúa
Entretanto, la situación legal de Iglesias sigue sin definirse. La Fiscalía de la Audiencia Nacional inició una investigación tras la denuncia de exempleadas que afirman haber sido víctimas de acoso, violencia y humillaciones en las residencias del cantante en Punta Cana y Lyford Cay (Bahamas) en 2021. Las mujeres relatan un control absoluto, restricciones de movimiento y duras condiciones laborales. Su queja cuenta con el respaldo de una organización internacional de derechos humanos, y la fiscalía ya las ha interrogado como testigos protegidos.
Mientras la investigación se encuentra en una fase inicial, Iglesias no ha tenido acceso a los materiales del caso ni ha sido reconocido como parte oficial del proceso. La fiscal Marta Durántez explica que esto se debe a que aún no se ha resuelto la cuestión de la jurisdicción: la mayor parte de los hechos ocurrió fuera de España y no está claro si un tribunal español podrá asumir el caso. Los abogados del cantante insisten en cerrar la investigación, argumentando que el caso excede las competencias nacionales. Por el momento, Iglesias no figura como acusado ante la justicia, solo aparece en los archivos de la fiscalía, que decide si el caso será trasladado a los tribunales y a qué órgano en concreto.











