
El Gobierno español se encuentra en el centro de una tormenta diplomática mientras intenta persuadir a la Unión Europea para que adopte una postura clara sobre los acontecimientos en Venezuela. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, negocia desde primera hora de la mañana con sus homólogos europeos para conseguir una declaración conjunta y contundente en defensa del derecho internacional. El foco está puesto en el reciente ataque militar impulsado por Donald Trump, que ha generado preocupación en las capitales europeas.
Albares no se limita a contactos formales: mantiene comunicación directa con Kaja Kallas, responsable de la política exterior de la UE, y con otros ministros para coordinar una posición común. España insiste en que el silencio o la ambigüedad en este momento no solo evidencian debilidad, sino que representan una amenaza para los principios fundamentales del consenso europeo alcanzado tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, algunos socios comunitarios no están dispuestos a entrar en un choque abierto con Washington, especialmente teniendo en cuenta los estrechos lazos de ciertos países con Trump.
Frente diplomático
Madrid tradicionalmente mantiene una postura firme hacia el régimen de Nicolás Maduro y no reconoce su legitimidad debido a la falta de transparencia en las últimas elecciones. El Ejecutivo español sostiene que la oposición ganó los comicios y ha reiterado en varias ocasiones que la intervención militar no es la solución. Por el contrario, España se ha ofrecido como mediadora para abrir un canal de diálogo, apostando por la negociación y no por la fuerza.
Al mismo tiempo, pese a la dura crítica hacia Maduro, Madrid no rompe totalmente los lazos con Caracas. La razón es sencilla: están en juego los intereses de ciudadanos y empresas españolas que operan en Venezuela. Además, España brinda un respaldo activo a la oposición venezolana, incluido Edmundo González, quien tras su victoria electoral se vio obligado a abandonar el país y recibió apoyo para trasladarse a Madrid.
Desacuerdos europeos
Actualmente España intenta convencer al resto de los miembros de la UE para que actúen con una sola voz. Sin embargo, la tarea resulta más difícil de lo previsto. Algunos países, con vínculos políticos o económicos estrechos con Trump, no tienen prisa en respaldar posturas contundentes. En los pasillos de las capitales europeas se escuchan temores: una reacción demasiado dura podría provocar nuevas tensiones con Estados Unidos, algo que muchos gobiernos quieren evitar.
A pesar de ello, Madrid no piensa dar marcha atrás. Para España, se trata de una cuestión de principios: si Europa no responde ahora, se creará un peligroso precedente. Las autoridades subrayan que no se trata solo de Venezuela, sino de preservar las reglas internacionales del juego, que protegen los intereses de todos los países de la UE.
Estrategia española
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el ministro de Asuntos Exteriores, Albares, apuestan por la vía diplomática y la búsqueda de compromisos. No ocultan que lograr la unanimidad será difícil, pero insisten en que no hay alternativa. España sigue respaldando a la oposición en Venezuela, al tiempo que evita romper los vínculos con el gobierno de Caracas. Este equilibrio permite a Madrid mantener su influencia en la región y salvaguardar sus intereses.
Al mismo tiempo, los diplomáticos españoles no ocultan su decepción ante la postura de algunos socios europeos. Consideran que Europa se arriesga a perder credibilidad si no adopta una postura clara. En Madrid creen que ahora es el momento decisivo para la política exterior europea. España está dispuesta a llegar hasta el final, incluso si eso implica quedarse en minoría.
Desafíos y riesgos
La situación en torno a Venezuela se ha convertido en una prueba de fuego para la unidad de la Unión Europea. España ha asumido el papel de impulsora, exigiendo a sus socios no solo declaraciones, sino acciones concretas. Sin embargo, la experiencia demuestra que los intereses de los Estados miembros suelen divergir, sobre todo en cuestiones sensibles como la relación con Estados Unidos.
En los próximos días se sabrá si Madrid logra inclinar a Europa hacia una postura más firme. Por ahora, España sigue siendo la voz principal en defensa del derecho internacional y de los principios que han sustentado el orden europeo tras la guerra. Y todo indica que no piensa ceder, pese a las presiones y dudas dentro de la propia Unión Europea.












