
España se prepara para participar en la formación de una misión de paz europea que podría desplegarse en Ucrania tras un acuerdo de alto el fuego con Rusia. Entre los posibles integrantes se encuentran instructores militares, ingenieros, expertos en desminado y observadores. Los detalles de la futura operación se discuten desde hace más de un año, y la reciente reunión de líderes de 35 países en París ha dado un nuevo impulso al proceso. Sin embargo, no se trata de crear una fuerza de combate a gran escala capaz de contener a las tropas rusas en la frontera. El objetivo principal es apoyar al ejército ucraniano y recuperar su capacidad operativa.
Está previsto que el contingente europeo cuente con varios miles de efectivos, y no decenas de miles. Esto se debe a que Rusia posee unas 150 brigadas en las fronteras y Europa no puede equipararse a esos números. España, al igual que otros países de la coalición, está dispuesta a aportar su contribución a la creación de una unidad multinacional bajo mando europeo. Entre los socios figuran Australia, Canadá, Japón, Turquía y también Estados Unidos, que no enviará tropas pero garantizará la seguridad de la misión. El cuartel general de la operación estará en París, y la tarea principal será reforzar la defensa de Kiev y recuperar la capacidad del ejército ucraniano tras años de graves pérdidas por la guerra.
Especialistas militares
Una de las principales estrategias será trasladar la formación de militares ucranianos directamente al territorio de Ucrania. Actualmente, el entrenamiento se realiza en países de la Unión Europea, entre ellos España, donde ya se han capacitado 8.500 soldados ucranianos. Acercar a los instructores a la línea del frente permitirá agilizar la formación y ampliar sus objetivos, incluyendo el apoyo técnico y la consultoría para las unidades ucranianas.
España también contempla la posibilidad de enviar unidades de ingenieros. Su labor no solo incluirá reparaciones urgentes de carreteras y puentes, sino también la construcción de fortificaciones permanentes, almacenes de municiones y otras infraestructuras necesarias para la defensa. Se presta especial atención al desminado: los zapadores se encargarán de neutralizar municiones sin detonar que quedan tras los bombardeos. En el mar Negro, dragaminas españoles podrían participar en la limpieza de minas en aguas — la Armada española dispone de cinco de estas embarcaciones.
Observadores y supervisión
Otra posible función de España es participar en la misión de supervisión del alto al fuego. Los observadores militares vigilarán el cumplimiento de los acuerdos tanto con su presencia en el terreno como mediante tecnologías avanzadas: drones, reconocimiento satelital y monitoreo electrónico. Europa tendrá representación en una comisión especial encargada de investigar violaciones y determinar a los responsables. Para ello será necesario controlar el espacio aéreo y las zonas costeras.
Al mismo tiempo, no se contempla el envío de grandes unidades de combate. Los militares europeos deberán contar con medios de autodefensa, pero su principal función no será combatir, sino brindar apoyo y capacitación. Todos estos planes permanecen en fase de discusión: la misión solo comenzará a operar tras alcanzarse un alto el fuego sostenido, y los parámetros finales dependerán de las condiciones del futuro acuerdo.
Matices políticos
La cuestión de la legitimidad de la presencia de tropas extranjeras se resuelve de manera sencilla: basta con una invitación oficial de las autoridades ucranianas. Esto permite evitar la necesidad de aprobación por parte de la ONU, donde Rusia tiene derecho de veto, y excluye la participación directa de la OTAN, a la que Moscú se opone categóricamente. Para regular el estatus de la misión, será necesario suscribir acuerdos bilaterales o multilaterales con Kiev.
España ya ha asumido compromisos a largo plazo para respaldar militarmente a Ucrania. En 2022, se firmó un acuerdo para suministrar armamento por valor de 1.000 millones de euros anuales durante diez años. A finales del año pasado, el gobierno aprobó la concesión de 100 millones de euros para la compra de equipos estadounidenses destinados al ejército ucraniano. Estas medidas se enmarcan en la estrategia general de la Unión Europea para fortalecer la capacidad defensiva de Ucrania, incluido el desarrollo de su propio complejo militar-industrial y proyectos conjuntos con países europeos.
Garantías y riesgos
Aunque la misión europea no podrá impedir completamente una posible nueva ofensiva de Rusia, la mera presencia de militares extranjeros en territorio ucraniano podría servir como factor disuasorio. En caso de un ataque contra soldados europeos, el conflicto corre el riesgo de escalar a un nuevo nivel, algo que, según algunos expertos, podría frenar al Kremlin. Además, el acuerdo contempla compromisos de apoyo a Ucrania ante una nueva agresión, incluyendo asistencia militar, logística y de inteligencia, así como medidas diplomáticas y nuevas sanciones.
Este esquema recuerda al artículo 5 del Tratado de Washington, según el cual un ataque contra uno de los miembros de la OTAN se considera un ataque contra todos. Sin embargo, como señalan los diplomáticos, lo principal no son las formulaciones, sino la voluntad real de actuar en caso de amenaza. España, al igual que otros países europeos, enfrenta una decisión compleja: cómo apoyar a Ucrania sin verse arrastrada a una confrontación directa con Rusia y, al mismo tiempo, evitar que se repitan las tragedias de los últimos años.












