
Los planes para unir España y Marruecos mediante un túnel ferroviario bajo el Estrecho de Gibraltar (Estrecho de Gibraltar) vuelven a estar en la agenda de las más altas esferas. Pese a décadas de debates, cálculos técnicos y cambios de prioridades, la idea no ha quedado en el olvido. Al contrario, ambos países siguen considerando este proyecto como un paso estratégico capaz de transformar el mapa de transporte entre Europa y África.
Ya a finales de los años setenta surgió la idea de un paso fijo entre ambos continentes. El auge económico y el incremento de los lazos internacionales impulsaban la búsqueda de nuevas rutas. En los años ochenta se creó una empresa española específica para estudiar el proyecto, y en Marruecos se constituyó un organismo equivalente. Con el paso de las décadas, el plan evolucionó en numerosas ocasiones: desde propuestas fantásticas de un puente, hasta la opción más realista de un túnel submarino para trenes.
Retos técnicos y cuestiones financieras
La compleja geología, la gran profundidad y la actividad sísmica de la zona hicieron inviable la construcción de un puente. Por ello, todos los esfuerzos se concentraron en la idea de un túnel ferroviario. En los últimos años se han invertido decenas de millones de euros en trabajos preparatorios y estudios. Solo desde 2016, la parte española ha destinado más de dos millones de euros a este fin y, en 2023, el presupuesto aumentó en otros 2,25 millones de euros.
En el proyecto participan las principales empresas mundiales especializadas en la construcción de túneles. Los últimos informes técnicos confirman que es viable construir el túnel, aunque será necesario superar numerosos desafíos. Entre ellos destacan: perforaciones de hasta 475 metros de profundidad, terrenos inestables y el constante riesgo de terremotos. Está previsto crear tres galerías paralelas: dos para la circulación de trenes y una para servicios técnicos y evacuación.
Plazos y perspectivas
Aún no se ha tomado la decisión definitiva sobre el inicio de la construcción. España y Marruecos se han dado hasta 2027 para evaluar todos los riesgos y oportunidades. Si el proyecto recibe luz verde, las obras preparatorias no empezarían antes de 2030 y la inauguración del túnel podría darse solo hacia 2040. El tramo submarino tendrá unos 28 kilómetros y la longitud total será de 42 kilómetros. La ruta conectará Punta Paloma, en Cádiz, con Punta Malabata, bajo Tánger.
Se espera que el túnel conecte directamente las redes ferroviarias de Europa y el Magreb. Esto abrirá nuevas oportunidades para el transporte de pasajeros y mercancías entre Madrid, París, Rabat y Casablanca. En esencia, se trata de crear un equivalente al Eurotúnel, pero en condiciones mucho más complejas.
El futuro está en duda
El coste del proyecto se estima en 8.500 millones de euros solo para la parte española. Se prevé obtener parte de los fondos de la Unión Europea para reducir la carga sobre el presupuesto nacional. Por ahora, la mayor parte de la inversión se destina a estudios geológicos y a la preparación de la documentación.
Si el proyecto llega a realizarse, será uno de los logros de ingeniería más ambiciosos del siglo XXI. Pero por ahora, el túnel sigue en fase de planificación y el Estrecho de Gibraltar permanece como una frontera simbólica entre dos mundos.











