
Las fuerzas de seguridad de España y Portugal llevaron a cabo una amplia operación en la que lograron desmantelar las actividades de una organización criminal internacional. Este grupo se especializaba en reclutar y trasladar mujeres desde países de Sudamérica con el objetivo de explotarlas posteriormente en Europa.
La investigación comenzó después de que la policía detectara indicios de la existencia de una red ramificada que operaba en varias regiones de España y Portugal. Según la investigación, una de las víctimas fue reclutada primero en Latinoamérica y, tras pasar por varios países asiáticos, fue llevada a España, donde la obligaron a ejercer la prostitución en diferentes provincias.
Gracias a la colaboración entre los agentes de Cataluña y los especialistas en lucha contra el crimen organizado, se pudo identificar la estructura de la banda y localizar a sus líderes. Los principales responsables resultaron ser un hombre y una mujer, ciudadanos de España y Colombia, que residían en Portugal y desde allí coordinaban todas las operaciones de explotación de las víctimas en territorio español.
La fase clave de la operación fueron los registros realizados de manera simultánea en Lleida, Tudela (Navarra), Irún (Guipúzcoa) y Faro (Portugal). Como resultado, se detuvo a tres sospechosos, incluidos los presuntos cabecillas, arrestados en Portugal. Otro miembro, encargado del traslado y control de las mujeres, fue detenido en Lleida.
Durante los registros, la policía liberó a ocho mujeres que estaban retenidas en contra de su voluntad. Todas las víctimas recibieron la atención y el apoyo necesarios, conforme a los protocolos especiales de protección para víctimas de trata de personas.
Además, durante las actuaciones policiales se incautaron dinero en efectivo, documentos, dispositivos electrónicos, munición y drogas. En la vivienda de los principales sospechosos, las autoridades portuguesas presentaron cargos adicionales por tenencia ilícita de armas y tráfico de sustancias prohibidas.
La operación fue posible gracias a la estrecha colaboración entre las autoridades españolas y portuguesas, lo que permitió no solo detener a los organizadores, sino también poner fin a la explotación de mujeres trasladadas desde fuera de la Unión Europea para ser forzadas a ejercer la prostitución.












