
Los errores cometidos por organismos estatales pueden ocasionar consecuencias inesperadas y desagradables para los ciudadanos comunes. En España, un nuevo caso de caos burocrático se ha convertido en una auténtica prueba para una joven madre de Santiago de Compostela: le impusieron una multa por una infracción que físicamente le habría sido imposible cometer y ahora debe luchar por que se restablezca la justicia.
En mayo de 2025, Macarena, vecina de Galicia, recibió por correo una notificación de multa de la Dirección General de Tráfico (DGT). En la carta se afirmaba que ella conducía un camión por la carretera A-52 en la provincia de Zamora, mientras hablaba por teléfono móvil al volante. Sin embargo, en el momento de la supuesta infracción, la mujer se encontraba en Santiago y acababa de dar a luz a su tercer hijo.
Una multa inesperada
La situación resultaba absurda: Macarena nunca había conducido camiones, no posee el permiso de conducir necesario para ello y, además, no es propietaria del vehículo indicado en la multa. Es más, el día en que supuestamente se cometió la infracción, estaba trabajando en el departamento local de sanidad. A pesar de estas evidentes incoherencias, la sanción fue emitida a su nombre por un importe de 200 euros y con la retirada simultánea de seis puntos de su carné de conducir.
La familia quedó conmocionada por lo sucedido. El esposo de Macarena, Javier, acudió a la oficina de la DGT en Santiago para esclarecer la situación. Sin embargo, los funcionarios insistieron en que, si la multa estaba emitida, la infracción debía haber ocurrido. Los argumentos sobre la imposibilidad de estar en dos lugares al mismo tiempo y la falta de la categoría adecuada de licencia no fueron tenidos en cuenta.
Dificultades burocráticas
Macarena decidió no rendirse y presentó una reclamación oficial, adjuntando documentos que demostraban que se encontraba en su trabajo en el momento de la supuesta infracción. A pesar de las contundentes pruebas, el proceso de revisión se prolongó durante meses. En ese tiempo, los puntos de su carné de conducir ya habían sido descontados y la multa seguía pendiente de pago.
Según informa Autobild, este tipo de errores en el funcionamiento de la DGT no son nuevos, pero no siempre es posible conseguir su corrección de manera rápida. En el caso de Macarena, la burocracia fue excesivamente lenta y el factor humano terminó jugando una mala pasada. La mujer se vio envuelta en una larga correspondencia con el organismo, gastando tiempo y energía para demostrar su inocencia.
Lucha personal
Resulta especialmente absurdo el hecho de que, en el momento de recibir la multa, Macarena se encontraba en periodo posparto, cuidando a su recién nacido y a otros dos hijos. Conducir un camión a cientos de kilómetros de su casa era sencillamente imposible. A pesar de ello, tuvo que recopilar certificados, demostrar su ubicación y explicar cosas evidentes a los representantes de la autoridad vial.
La familia se topó con la indiferencia y el trato burocrático por parte de los funcionarios. Incluso después de presentar toda la documentación requerida, no se adoptó una decisión sobre el caso, mientras que los puntos del carné de conducir simplemente desaparecieron. Macarena destaca que dedicó mucho tiempo y esfuerzo a luchar contra un error que no había cometido.
El caso de Macarena se ha convertido en un ejemplo de cómo un simple fallo administrativo puede acarrear graves consecuencias para una persona común. Pérdida de puntos, riesgo de perder el carné y la necesidad de acudir a la justicia: todo esto se convirtió en realidad para una mujer que, según el sistema, simplemente estuvo en el lugar y el momento equivocados.
La Dirección General de Tráfico (DGT) es el organismo estatal de España responsable de la seguridad vial, el control del cumplimiento de las normas y la expedición de permisos de conducir. La institución introduce regularmente nuevas tecnologías para detectar infracciones, pero a veces se producen errores en el sistema que generan situaciones controvertidas. En estos casos, los ciudadanos deben probar por sí mismos su inocencia, enfrentándose a trabas burocráticas y a la necesidad de defender sus derechos.












