
En España ha resurgido el debate sobre el papel de los docentes y la percepción de la Formación Profesional. Mada Mariño, joven estudiante de máster en moda y lujo, se ha convertido inesperadamente en la voz de miles de adolescentes que han escuchado en la escuela que sus oportunidades son limitadas. En un video que acumula decenas de miles de visualizaciones, relató un episodio vivido en su adolescencia: cuando cursaba segundo de la ESO (equivalente a 8º de la ESO), una profesora le dijo a una compañera que nunca lograría nada relevante y que le convenía optar por la Formación Profesional.
Las palabras de la docente no sonaron como un consejo, sino como una sentencia. A una niña de apenas 13 o 14 años le hicieron entender, en la práctica, que sus capacidades tenían un techo y su futuro ya estaba decidido. Años después, Mariño no puede ocultar su indignación: ¿cómo puede un adulto dirigirse así a un menor, arrebatándole la confianza y la fe en sí misma?
Estereotipos en la escuela
La experiencia compartida por Mariño resultó familiar para muchos. En los colegios de España todavía predomina la idea de que la Formación Profesional es la vía para quienes no logran destacar en las asignaturas académicas. Los profesores, muchas veces sin notarlo, reproducen este estereotipo y debilitan la autoestima del alumnado. Mariño subraya que este tipo de mensajes no solo son humillantes, sino que instalan en los jóvenes una visión equivocada de sus propias capacidades.
En lugar de apoyar y buscar los puntos fuertes, algunos docentes prefieren poner etiquetas. Esto no es solo un error pedagógico, sino un golpe al futuro de toda una generación. Precisamente en la adolescencia se forma la autoestima, la actitud hacia el trabajo y el estudio. Y si en ese momento el menor escucha que ‘no va a llegar’, las consecuencias pueden ser irreversibles.
Formación profesional sin prejuicios
Marino no se limitó a criticar a los docentes. Declaró abiertamente que la formación profesional no es inferior a la universitaria. En España, muchas profesiones requieren precisamente FP y hay numerosos especialistas exitosos entre los graduados de estos programas. “No debemos menospreciar el valor de la FP —dice ella—. No es una opción secundaria, sino un camino legítimo hacia el éxito”.
En un país donde el mercado laboral exige cada vez más habilidades prácticas y no solo títulos, esta postura resulta especialmente relevante. Marino está convencida: cada persona debe tener derecho a elegir su camino sin presiones ni vergüenza. Y si alguien opta por una profesión en lugar de una carrera académica, no debe ser motivo de burla.
El poder de las palabras
Lo que más indignó a Marino fue que la profesora se permitiera ese tipo de comentarios frente a una menor. Con 13 o 14 años, nadie tiene la obligación de saber a qué quiere dedicarse el resto de su vida. Los adolescentes apenas empiezan a descubrir el mundo, prueban diferentes caminos, cometen errores y buscan su lugar. Y justo en ese momento, en vez de recibir apoyo, el adulto prácticamente pone fin a sus sueños.
¿Cómo se puede decidir por un niño de qué es capaz? — plantea Marino. — ¿No le gusta matemáticas o historia? Eso no significa que no vaya a tener éxito. Tal vez su verdadera vocación esté en otro ámbito.
Repercusión social
El video de Marino desató una intensa reacción en las redes sociales. Miles de usuarios compartieron historias similares. Muchos confesaron que aún recuerdan las palabras hirientes de sus profesores, que influyeron en sus decisiones y autoestima. Otros, en cambio, encontraron la fuerza para demostrar lo contrario y triunfar pese a los pronósticos de los docentes.
En España, el debate sobre la formación profesional y su estatus sigue siendo delicado. Pese a las reformas, la percepción sobre la FP continúa cargada de prejuicios. La historia de Marino motivó una nueva ola de discusiones: ¿cómo transformar el sistema para que cada niño sienta apoyo, y no presión?
Repensar el enfoque
El caso contado por Marino no es aislado. Refleja un problema profundo: en los colegios españoles aún falta respeto por las distintas trayectorias educativas. Los profesores, que deberían inspirar, a veces terminan siendo fuente de frustración. Pero precisamente estas historias hacen reflexionar a la sociedad: ¿no es momento de reconsiderar la actitud hacia la formación profesional y dejar de clasificar a los niños entre ‘prometedores’ y ‘sin futuro’?
Mientras algunos siguen imponiendo estereotipos, otros —como Marino— alzan la voz sobre la necesidad de cambios. Y quizá sean justamente estas voces las que marquen el inicio de una verdadera transformación en la educación española.












