
Gaudencio Fernández, cuyo nombre está íntimamente ligado a la monarquía española, falleció a los 102 años. Su camino comenzó en la humilde aldea de Villalán de Campos, en la provincia de Valladolid, pero el destino lo condujo al epicentro de los acontecimientos históricos del país. Conoció al futuro rey de España cuando este tenía solo 17 años, y desde entonces no fue solo su chófer, sino también una persona de confianza y testigo de numerosos momentos clave en la vida de la familia real.
Desde su juventud, Gaudencio acompañó a Juan Carlos en sus viajes, primero como príncipe y luego como monarca. Su labor no se limitaba al volante: estuvo presente en visitas oficiales, viajes privados y en los momentos más personales y familiares. A lo largo de décadas de servicio, Fernández pasó a formar parte del círculo íntimo, merecedor de la confianza no solo en temas de seguridad, sino también en secretos familiares.
La vida en el palacio
Durante muchos años, Gaudencio vivió junto a su familia en la residencia del monarca, el Palacio de la Zarzuela. Su presencia en la casa del rey se volvió tan habitual que era considerado un miembro más de la familia. Incluso tras jubilarse en 1989, cuando cumplió 65 años, Juan Carlos insistió en que Fernández permaneciera en la corte. Le confiaron el cuidado de la flota de automóviles reales, y continuó desempeñando sus funciones durante muchos años más.
Los testimonios de sus contemporáneos destacan su modestia, dedicación y lealtad absoluta. No buscaba la notoriedad y prefería mantenerse en un segundo plano, pero precisamente personas como él suelen ser indispensables para los líderes del Estado. Todos quienes tenían relación con la familia real lo conocían y lo respetaban por su profesionalismo y discreción.
Testigo de una época
A lo largo de su carrera, Gaudencio Fernández fue testigo de los acontecimientos clave de la historia reciente de España. Acompañó al rey en viajes internacionales, estuvo presente en ceremonias oficiales y reuniones privadas. Se le pudo ver en la boda de Juan Carlos y Sofía en 1962, y también en el hospital cuando nacieron los hijos de la pareja real: él era el responsable de su traslado en los momentos más importantes.
Fernández no era solo conductor, sino también guardián de tradiciones, una persona que conocía todos los detalles de la vida en la corte. Su experiencia y conocimiento eran valorados no solo por la familia real, sino también entre el personal del palacio. Se convirtió en una leyenda viva, símbolo de lealtad y longevidad en el servicio.
Sus últimos años
Incluso después de retirarse oficialmente, Gaudencio no rompió lazos con la familia real. Con frecuencia era invitado a celebraciones familiares y fechas conmemorativas. Se mantenía activo, conservaba la relación con sus antiguos colegas y seguía interesado en los asuntos del palacio.
La muerte de Fernández ha sido un acontecimiento destacado para todos quienes lo conocieron personalmente o habían oído hablar de su singular trayectoria. Su partida marca el final de toda una época en la que la lealtad personal y la discreción se valoraban tanto como las cualidades profesionales.
Por si no lo sabía, Gaudencio Fernández no era simplemente un chófer, sino una de las personas de mayor confianza en el entorno del rey Juan Carlos I. Comenzó su servicio incluso antes de la llegada al trono del monarca y permaneció en la corte durante más de cincuenta años. Tras su jubilación, siguió colaborando con la familia real, siendo responsable del estado técnico de la flota de vehículos. Su nombre se convirtió en un símbolo de fidelidad y longevidad en la historia de la monarquía española.












