
El escándalo en torno a las acusaciones contra el ex político Íñigo Errejón vuelve a situarse en el centro del debate público en España. Las cuestiones sobre la seguridad, la confianza en el sistema judicial y el respaldo a las víctimas de delitos sexuales han cobrado especial relevancia después de que la actriz Elisa Mouliaá anunciara su intención de seguir luchando en los tribunales. Su decisión de no retirar las acusaciones, a pesar de la postura de la Fiscalía, ha reavivado el debate sobre la respuesta de la sociedad española ante este tipo de casos.
En medio de las declaraciones emocionales de Mouliaá frente a los juzgados de Plaza Castilla en Madrid, donde relató la presión y el acoso sufridos, la sociedad vuelve a cuestionar el nivel de protección para quienes deciden hablar abiertamente sobre la violencia. La actriz subrayó que no siente apoyo y ha recibido una oleada de críticas tras compartir su experiencia públicamente. Animó a otras posibles víctimas a no guardar silencio, aunque ello implique permanecer en el anonimato, y reconoció que se siente sola en su lucha.
Procesos judiciales
Ese mismo día, el juez Adolfo Carretero suspendió la citación de Errejón al tribunal, alegando la necesidad de mayor claridad jurídica. La defensa del exdiputado declaró que no comparecerá hasta que quede claro si Mouliaá ha retirado las acusaciones. Sin embargo, la actriz dejó claro que está dispuesta a llegar hasta el final, pese a la presión y el cansancio.
El proceso judicial comenzó en enero, cuando el juez detectó indicios de un posible delito de carácter sexual. Según Muliá, el incidente ocurrió tras la presentación del libro de Errejón en octubre de 2021. Después de visitar juntos un bar y acudir a una fiesta en casa de un conocido, según su relato, el exdiputado la forzó a entrar en una habitación, cerró la puerta y comenzó a acosarla. La actriz sostiene que no dio consentimiento a lo sucedido y que sufrió un fuerte estrés tras el hecho.
Posiciones de las partes
Posteriormente, ya en el apartamento de Errejón, la situación se repitió: Muliá se sintió incómoda por los besos y caricias, y le dejó claro que el consentimiento era imprescindible. Según ella, la reacción del exdiputado fue inesperada y desagradable. El juez subrayó que existen motivos para analizar las acusaciones, aunque la fiscalía adoptó una postura distinta, al no considerar que hubiera delito. Según la acusación, Muliá no expresó una negativa explícita al principio, y cuando pidió que parara, Errejón se detuvo.
Pese a ello, la actriz insiste en su versión de los hechos y recalca que las consecuencias han sido muy duras para ella. Habla de síndrome postraumático y de una sensación total de desprotección. En sus declaraciones, Muliá señala que el sistema no siempre apoya a las víctimas y que la opinión pública a menudo se convierte en una prueba adicional.
Repercusión pública
La historia ha generado un amplio revuelo en los medios españoles y en las redes sociales. Muchos debaten sobre las dificultades que enfrentan las víctimas de delitos sexuales para obtener justicia, especialmente cuando el acusado es una figura pública reconocida. Crece la preocupación social ante la respuesta a este tipo de denuncias y sobre la efectividad del apoyo institucional por parte de los organismos estatales.
Muliáa habla abiertamente sobre su sentimiento de aislamiento e incluso se plantea mudarse del país. Destaca que nadie debería enfrentarse a este tipo de trato e insta a un cambio en la actitud hacia las víctimas. Su caso ha abierto un nuevo debate sobre la necesidad de reformas en el sistema judicial y un cambio en la percepción social de estas situaciones.
Contexto y casos similares
En los últimos años, España ha sido escenario recurrente de sonados procesos relacionados con acusaciones de delitos sexuales. Han provocado gran repercusión social aquellos casos en los que las víctimas enfrentaron desconfianza y presión, convirtiendo las sentencias judiciales en el centro de intensos debates. Es recordado el caso de la denominada «La Manada», cuando la sociedad exigió penas más severas y una revisión sobre cómo se evalúan las pruebas de consentimiento. Este tipo de procesos a menudo deriva en cambios legislativos y aviva la discusión sobre los derechos de las víctimas y la responsabilidad de los acusados. Cada nuevo caso pone a prueba tanto al sistema como a la sociedad, evidenciando los avances logrados y las lagunas aún existentes.












