
El tema de la seguridad ferroviaria volvió a estar en el centro de la atención nacional tras la tragedia de Adamuz (Córdoba). Para los españoles, no se trata de un accidente más: está en juego la confianza en el Estado, la transparencia de las investigaciones y la responsabilidad de las autoridades ante los ciudadanos. Las familias de los 45 fallecidos insisten en que necesitan la verdad, no excusas políticas. Sus exigencias resonaron con especial fuerza tras las declaraciones públicas de la ministra de Transportes y la reacción de las más altas figuras del Estado.
Duelo y protesta
En Huelva, en un abarrotado Palacio de Deportes Carolina Marín, se celebró la ceremonia de despedida a las víctimas de la catástrofe. En la misa funeral, presidida por el rey Felipe VI y la reina Letizia, el ambiente fue tenso y emotivo. Los familiares de los fallecidos, muchos entre lágrimas, manifestaron abiertamente su desconfianza hacia las versiones oficiales. En nombre de todas las familias habló Liliana Sáez, quien perdió a su madre en el accidente. Subrayó que solo la verdad puede aliviar el dolor y evitar nuevas tragedias.
A las palabras de duelo se sumó el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra. Hizo un llamamiento a una investigación justa y transparente para que la memoria de las víctimas no se pierda y tragedias similares no se repitan. También asistieron representantes eclesiásticos de alto rango, lo que otorgó un significado especial a la ceremonia para los creyentes de Andalucía.
Apoyo de la Corona
El rey y la reina de España, vestidos de luto, se acercaron personalmente a cada familia para expresar sus condolencias y escuchar sus historias. Su presencia fue recibida con aplausos, y muchos familiares aprovecharon la oportunidad para conversar directamente con ellos. Entre los asistentes se encontraban también políticos regionales, incluyendo al presidente de Andalucía, Juan Manuel Moreno, y al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo. Tras la ceremonia, Moreno declaró a la prensa que las familias no solo piden paz interior, sino también total transparencia en la investigación.
A diferencia de los reyes y los líderes regionales, los representantes del gobierno —la vicepresidenta María Jesús Montero y los ministros Luis Planas y Ángel Víctor Torres— prefirieron mantenerse discretos. No abandonaron la tribuna de invitados e incluso accedieron a la sala por una entrada separada para evitar cruzarse con los principales participantes en la ceremonia.
Política y acusaciones
El ministro de Transportes, Óscar Puente, ofreció un discurso tajante en el que rechazó las acusaciones sobre una supuesta falta de control en la seguridad ferroviaria. Calificó de “fake news” los informes sobre problemas en la infraestructura, atribuyéndolos a rivales políticos y círculos neofascistas. Según Puente, este tipo de desinformación mina la confianza en el Estado y favorece a los radicales.
Puente subrayó que la red ferroviaria española está cerca de un “riesgo cero”, a pesar del aumento de accidentes y fallos en los últimos dos años. Además, acusó a la oposición de intentar aprovechar la tragedia para lanzar ataques políticos, afirmando que su objetivo es sembrar el caos y la desconfianza entre la ciudadanía.
Investigación y hechos
Durante el debate en el Senado, el ministro admitió que la causa más probable del accidente fue una rotura del raíl, ya sea por un defecto en la soldadura o por el propio material. Reconoció que incidentes similares ocurren también en otros ferrocarriles europeos, pero insistió en que la investigación debe ser lo más exhaustiva posible. Por su parte, el jefe de la comisión de investigación del siniestro declaró que lo más probable es que la causa principal fuera una soldadura de baja calidad.
Puente indicó que en 2025 se realizó una “modernización total” de la línea entre Madrid y Sevilla, aunque en realidad solo se reemplazó parte de los desvíos y se actualizaron algunos sistemas de seguridad. De los 1,6 millones de traviesas en la ruta, solo se cambiaron 71 mil. El ministro también reconoció que faltan 30.000 millones de euros de inversión en la red ferroviaria, pero culpó al anterior gobierno por ello.
Repercusión pública
Mientras la comisión de investigación no publica sus conclusiones finales, la tensión en torno a la tragedia persiste. Los partidos de la oposición exigen la dimisión del ministro, acusándolo de ocultar información e incapacidad para garantizar la seguridad de los pasajeros. Por su parte, representantes del partido en el poder afirman que todas las acusaciones forman parte de una campaña política contra el gobierno.
Las familias de las víctimas siguen firmes en su postura: no buscan una lucha política, sino respuestas sinceras y cambios reales en el sistema de seguridad. Sus voces se escuchan cada vez más fuerte, y ya ni siquiera los funcionarios más influyentes del país pueden ignorarlas.












