
La cuestión de la legalización de los migrantes vuelve a situarse en el centro del debate político en España. La decisión del gobierno de llevar a cabo un procedimiento de urgencia para conceder estatus legal a más de 800.000 extranjeros ha provocado una fuerte reacción por parte de la oposición. Para los españoles, no se trata solo de una discusión legal: está en juego un posible cambio en la composición del electorado y cómo estos cambios pueden influir en el futuro del país.
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, arremetió contra el gobierno de Pedro Sánchez, afirmando que este tipo de regularización aumentará el número de votantes. Según sus palabras, las autoridades no tienen derecho a ampliar el censo electoral en cientos de miles de personas, aunque estos migrantes no puedan votar en las próximas elecciones. Estas declaraciones alimentan el temor en parte de la sociedad de que los cambios en la política migratoria puedan utilizarse con fines políticos.
Argumentos y temores
Feijóo insiste en que la regularización masiva impulsada por el gobierno altera el equilibrio del sistema electoral. Sostiene que detrás de este paso hay un cálculo oculto de beneficio electoral futuro. Aunque los extranjeros que reciban ahora el permiso de residencia no podrán votar ni en las municipales ni en las elecciones generales de 2027, la oposición sigue insistiendo en los riesgos para la democracia.
Según la normativa vigente, solo tras cinco años de residencia legal los migrantes de países con acuerdos de reciprocidad podrán participar en las elecciones municipales. Para la mayoría de los originarios de América Latina, Andorra, Filipinas, Guinea-Bisáu, Portugal o los descendientes de sefardíes existe un procedimiento especial: tras dos años de residencia pueden solicitar la ciudadanía española, lo que les permite acceder a cualquier tipo de votación. Sin embargo, incluso en este escenario, los nuevos ciudadanos no llegarán a tener derecho a voto para 2027.
Conflicto político
Otros representantes políticos también participan activamente en el debate sobre la legalización de migrantes. La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, calificó la iniciativa del gobierno de «irresponsable» y «una trampa» capaz de alterar la composición del electorado. Afirma que estas medidas contradicen la postura mayoritaria del Parlamento y los acuerdos europeos. Feijóo, por su parte, exige que el tema sea debatido en el Congreso, a pesar de que la decisión ya se tomó eludiendo el debate parlamentario.
La oposición también señala que el gobierno mezcla dos asuntos distintos: la regularización masiva y la concesión de ciudadanía en virtud de la Ley de Memoria Histórica, vigente desde 2007 y ampliada en 2022. Según esta ley, pueden obtener la nacionalidad los descendientes de emigrantes españoles afectados por la dictadura y la Guerra Civil. Sin embargo, estos procesos no están directamente relacionados con la actual regularización de migrantes.
Reacción social
En las redes sociales y en las calles de las grandes ciudades, el debate no cesa. Algunos ven en las acciones del gobierno un intento de integrar a los migrantes y resolver antiguos problemas sociales, mientras que otros temen que esto altere el equilibrio político. En las elecciones municipales de 2023 ya participaron más de 450 mil extranjeros de 13 países con acuerdos con España. Ahora, según los críticos, esta cifra podría multiplicarse en el futuro.
Al mismo tiempo, los partidarios de la reforma recuerdan que ninguno de los nuevos migrantes regularizados podrá votar en las próximas elecciones. Para obtener el derecho al voto se requiere no solo estatus legal, sino también una larga residencia y el cumplimiento de varios trámites formales. Sin embargo, la oposición insiste en que el gobierno está sentando las bases para futuros cambios electorales.
La ley y la práctica
El tema de la concesión de la ciudadanía bajo la ley de memoria histórica es un asunto aparte. Desde 2007, España otorga la nacionalidad a los descendientes de víctimas de represiones políticas, y desde 2022 — por una lista ampliada de fundamentos. Esta medida se considera un acto de justicia histórica y no una herramienta de influencia política. No obstante, en la situación actual, la oposición utiliza ambos procesos para intensificar sus críticas al gobierno.
En definitiva, el debate sobre la legalización de los migrantes y el posible cambio en la composición del electorado ha adquirido un fuerte matiz político. La cuestión de si esto conducirá a cambios reales en el sistema electoral sigue abierta. Sin embargo, ya es evidente que la migración y la ciudadanía se han convertido en uno de los temas más candentes de la política española en los últimos años.












