
España se prepara para una protesta ferroviaria de gran alcance: los maquinistas han anunciado una huelga de tres días exigiendo cambios inmediatos en el sistema de seguridad. La decisión llega tras los trágicos accidentes en Adamuz y Gelida, que costaron la vida no solo a pasajeros, sino también a trabajadores del ferrocarril. En el país vuelve a debatirse quién debe asumir la responsabilidad por estas muertes y por qué las advertencias de los expertos llevan años sin respuesta.
El sindicato de maquinistas Semaf lo deja claro: se acabó la paciencia. Según afirman, la huelga es la única forma de que las autoridades y las empresas escuchen la exigencia de restablecer los estándares de seguridad. Durante tres días, del 9 al 11 de febrero, los trenes podrían paralizarse en todo el país si toda la plantilla del sector se suma a la protesta. Esta vez no se trata de salarios, sino de vida o muerte, y así lo reflejan todos los comunicados sindicales.
Punto de ebullición
Los incidentes en Adamuz y Gelida fueron la gota que colmó el vaso para los maquinistas. En ambos siniestros hubo numerosas víctimas, incluidos los propios conductores. El sindicato insiste: estas tragedias no son una casualidad, sino consecuencia de problemas sistémicos sobre los que los expertos llevan tiempo advirtiendo. En sus manos reposan decenas de informes sobre el mal estado de las vías, ignorados durante años por los responsables de la infraestructura.
Los maquinistas exigen que las autoridades finalmente empiecen a responder a sus demandas. Según afirman, los avisos sobre defectos en determinados tramos ferroviarios permanecen meses, e incluso años, sin recibir respuesta. Desde Semaf consideran que esta negligencia ha sido la causa de tragedias que podrían haberse evitado.
Reclamos a la dirección
Una indignación especial provocó la publicación de las grabaciones de las comunicaciones entre el maquinista implicado en el accidente de Adamuz y el centro de control. El sindicato califica esto como una violación inaceptable, ya que era responsabilidad de Adif custodiar ese material. Ahora los maquinistas pretenden impulsar una investigación judicial por la filtración, convencidos de que estas acciones solo agravan la situación y socavan la confianza en el sistema.
Desde Semaf destacan que, a pesar de la tragedia, la reacción del maquinista en el momento crítico fue impecable. El profesionalismo de los trabajadores ferroviarios demostró estar a la altura incluso bajo las circunstancias más extremas. Sin embargo, para el sindicato, el heroísmo individual no compensa los fallos sistémicos de los directivos.
Tramos peligrosos
El accidente en Zhelida ha reavivado el debate sobre la necesidad de protocolos especiales para operar durante condiciones meteorológicas adversas. En algunos tramos del ferrocarril, donde ya se han registrado tragedias, las tormentas provocan la caída de muros, árboles e incluso rocas sobre las vías. Los maquinistas están convencidos de que, si se hubieran implementado medidas preventivas, estos incidentes podrían haberse evitado. Sin embargo, mientras los informes de riesgo sigan sin ser atendidos, la amenaza persiste tanto para los trabajadores como para los pasajeros.
El sindicato no solo exige cambios técnicos, sino también que se responsabilice a quienes tienen la obligación de velar por la seguridad de la infraestructura. A su juicio, sin sanciones reales la situación no cambiará y nuevas tragedias son solo cuestión de tiempo.
Batallas legales
Además de la huelga, los maquinistas preparan acciones legales contra quienes filtraron las conversaciones de servicio. Consideran que estos actos no solo vulneran los derechos de los trabajadores, sino que también desvían la atención del verdadero problema: la incapacidad crónica del sistema para afrontar situaciones de emergencia. En Semaf subrayan que su objetivo no es solo impulsar cambios, sino también proteger la dignidad y el honor de sus compañeros.
Las autoridades y las empresas están bajo presión: ya no pueden ignorar las demandas de los maquinistas. La huelga se perfila como una dura prueba para el sector ferroviario del país. España se enfrenta a una disyuntiva: o reconoce los errores y emprende reformas, o afronta nuevas crisis en las vías.












