
Francisco Granados, considerado en su día uno de los políticos más influyentes de Madrid, se encuentra hoy en el epicentro de un juicio que podría transformar la percepción de la corrupción en la política española. Su carrera parecía intachable: desde alcalde de Valdemoro hasta figura clave en el gobierno autonómico, no era solo un funcionario, sino un hombre en quien se confiaban las decisiones más relevantes. Ahora, más de una década después de su detención, Granados debe responder ante la justicia por cargos que podrían costarle la libertad durante muchos años.
El proceso judicial, iniciado en la Audiencia Nacional, representa el primer gran juicio contra el exsecretario de la delegación madrileña del Partido Popular (PP) por una trama de manipulación masiva en la adjudicación de contratos municipales. La investigación sostiene que entre 2004 y 2013, en varias localidades de la región bajo control del PP, se manipularon sistemáticamente los concursos para la organización de fiestas y eventos urbanos. En el centro del caso se encuentra la empresa Waiter Music, que, según la acusación, recibía un trato de favor a cambio de generosos «bonos» para funcionarios.
La red de influencia
Waiter Music, encabezada por el ya fallecido José Luis Huerta, se convirtió en un actor clave en el caso. La investigación sostiene que la empresa obtenía contratos para organizar eventos multitudinarios superando a la competencia gracias a sus estrechos lazos con las autoridades locales. A cambio, según se afirma, Huerta y su entorno ofrecían a los políticos no solo regalos —desde relojes caros hasta accesorios de marca—, sino también pagaban fiestas privadas, campañas electorales e incluso celebraciones familiares.
Se presta especial atención a cómo se ocultaban cuidadosamente los rastros de las irregularidades. Los documentos se preparaban para dar una apariencia de transparencia y legalidad, neutralizando cualquier sospecha de infracción. Como resultado, según los datos de la investigación, solo en Valdemoro, Waiter Music logró obtener casi nueve millones de euros del presupuesto municipal en nueve años. Además, el cambio de alcaldes no impedía que la empresa mantuviera su posición: las conexiones y relaciones personales pesaban más que los procedimientos formales.
Acusados y cargos
En el banquillo de los acusados, junto a Granados, también se sentaron otros representantes de la élite política regional. Entre ellos destacan el exsenador y diputado David Erguido, así como seis exalcaldes de diferentes municipios de Madrid. La Fiscalía solicita para Granados seis años de prisión, mientras que las acusaciones particulares piden hasta 38 años. Para Erguido, la petición asciende a casi tres años de cárcel. En el escrito de acusación se recogen episodios donde Waiter Music financiaba no solo eventos oficiales, sino también celebraciones privadas, incluyendo, por ejemplo, una fiesta en un club de golf que, según la investigación, ningún político llegó a pagar.
Según la investigación, esta práctica fue posible gracias a una red consolidada de relaciones personales e intercambio de favores. A cambio de contratos ventajosos, el empresario proporcionaba a los políticos todo lo necesario para mantener su imagen y su influencia. Finalmente, según la acusación, no se trata solo de corrupción, sino de toda una red donde cada participante obtenía su propio beneficio.
La caída de Granados
El camino de Granados hacia el banquillo comenzó en 2014, cuando fue detenido en el marco de la operación Púnica. Por aquel entonces, la investigación apenas empezaba a tomar fuerza y pocos imaginaban que el caso alcanzaría tal envergadura. Sin embargo, pronto quedó claro que no se trataba de incidentes aislados, sino de un problema sistémico que afectaba a toda la estructura del poder regional.
En procesos judiciales anteriores, Granados ya había sido declarado culpable de obtener información de un miembro de las fuerzas de seguridad sobre el curso de la investigación. Por ello fue condenado a dos años de cárcel, pero las acusaciones actuales son mucho más graves. Ahora está en juego no solo su destino personal, sino también la reputación de todo un partido político que durante años marcó el rumbo de la región.
Influencia en la política
El caso Granados ha supuesto un verdadero shock para la élite política de Madrid. Por primera vez en mucho tiempo, varios exalcaldes y figuras clave de la delegación regional del PP se sientan juntos en el banquillo. Las acusaciones contra Granados y su entorno minan la confianza en un sistema que durante años parecía inquebrantable.
Se espera que el proceso judicial sea largo e intenso. Ya es evidente que, sea cual sea la sentencia, las consecuencias para la vida política de la región serán notables. Las cuestiones de transparencia, responsabilidad y control del gasto público vuelven a estar en primera línea. Y todo indica que este escándalo seguirá generando debate no solo entre los ciudadanos de Madrid, sino en todo el país.












