
En España estalla una polémica en torno a las frutas frescas que las autoridades quieren ver en cada máquina expendedora de instituciones públicas. Un nuevo proyecto de ley, impulsado por el Ministerio de Consumo, exige que las máquinas ubicadas en hospitales, colegios y otros espacios públicos ofrezcan obligatoriamente fruta fresca. A primera vista, la iniciativa parece beneficiosa, pero tras bambalinas surge una ola de descontento y consecuencias inesperadas.
Las empresas que gestionan las máquinas expendedoras ya han dado la voz de alarma: la fruta fresca se estropea rápidamente, requiere control constante y un embalaje especial, lo que implica mayores costes y menores beneficios. En algunos casos, según estimaciones del sector, los ingresos podrían reducirse casi a la mitad o incluso más. La situación es especialmente delicada en hospitales y centros médicos, donde, durante la noche, las máquinas suelen ser la única fuente de comida para el personal y los visitantes.
La paradoja de la frescura
Paradójicamente, el intento de promover una alimentación más saludable podría tener el efecto contrario. La fruta en las máquinas expendedoras debe envasarse individualmente para cumplir las normas sanitarias, lo que incrementa el uso de plástico, en contradicción con otros programas estatales para reducir residuos. Además, la corta vida útil de las frutas provoca numerosas retiradas y desperdicio de productos, perjudicando tanto al medio ambiente como al bolsillo de los propietarios de las máquinas.
Los líderes del sector señalan que mantener un surtido compuesto en un 80% por productos “saludables”, como exige el proyecto, resulta prácticamente inviable sin afrontar pérdidas importantes. Especialmente considerando que muchos clientes siguen optando por los snacks y bebidas habituales, mientras que las frutas frescas se quedan sin demanda y se deterioran rápidamente. Como consecuencia, las máquinas expendedoras podrían desaparecer de hospitales y otros centros donde eran indispensables.
Presión sobre las empresas
La Asociación de Operadores de Máquinas Expendedoras (Aneda) ya ha solicitado al ministerio una revisión de los artículos controvertidos de la ley. Los abogados preparan objeciones formales, señalando la ambigüedad de las formulaciones y la falta de criterios claros. En particular, el sector exige normas técnicas concretas y plazos razonables para aplicar las nuevas reglas, ya que de lo contrario muchas empresas no podrán operar bajo las nuevas condiciones.
En el sector reina la preocupación: si los beneficios caen y los costes aumentan, muchas empresas dejarán de participar en licitaciones públicas. Esto llevaría a que las máquinas expendedoras desaparezcan de los hospitales, junto con los refrigerios habituales para médicos, pacientes y familiares. Para algunos centros, esto podría convertirse en un grave problema, ya que muchas veces no existen alternativas.
Trampas ecológicas
La cuestión ecológica se ha convertido en otra bomba de tiempo. Para evitar que la fruta se estropee, es necesario empaquetarla en plástico, lo que contradice otras iniciativas para reducir residuos. Los intentos de sustituir el embalaje por opciones más ecológicas encarecen el producto, lo que a su vez reduce la demanda. Como resultado, en lugar de beneficios para la salud y el medio ambiente, el país podría enfrentarse a un aumento de precios, montañas de fruta sin vender y la desaparición de las máquinas expendedoras de los espacios públicos.
Sin embargo, no todas las novedades provocan reacciones tan acaloradas. Por ejemplo, la idea de eliminar el azúcar por defecto en las máquinas de café fue bien recibida: los dispositivos modernos permiten regular fácilmente la cantidad de azúcar, y la mayoría de los operadores ya ofrecen bebidas sin añadidos desde hace tiempo. Pero precisamente la exigencia en torno a la fruta fresca ha sido el punto de mayor controversia.
Consecuencias inesperadas
Expertos advierten: si la ley entra en vigor tal como está, no solo los empresarios saldrán perjudicados, sino también los propios hospitales. Muchos de ellos obtienen una parte de sus ingresos del funcionamiento de las máquinas expendedoras, y la caída de la recaudación afectará a su presupuesto. Además, si las empresas dejan de participar en las licitaciones, las máquinas desaparecerán, y con ellas la posibilidad de tomar un tentempié rápido durante el turno de noche o mientras se espera una cita.
Desde la Asociación de Operadores subrayan que apoyar la alimentación saludable es importante, pero no se debe trasladar toda la responsabilidad a las máquinas expendedoras. Las exigencias deben ser realistas y considerar las condiciones reales de trabajo. De lo contrario, en vez de obtener beneficios, el país enfrentará nuevos problemas tanto para los negocios, como para la salud y los propios consumidores.












