
En octubre de 2025, en una pequeña cueva llamada Leizeta, en Larraul (Gipuzkoa), unos trabajadores que limpiaban escombros se toparon inesperadamente con un hallazgo peligroso. Entre decenas de sacos de basura que se habían acumulado durante años en esta sima kárstica, apareció un proyectil de la Guerra Civil. El explosivo estaba completamente cargado y el detonador seguía en su lugar, lo que hacía la situación extremadamente arriesgada.
La operación de limpieza había comenzado varios días antes, cuando especialistas en trabajos de altura y espeleólogos descendieron a la cueva de nueve metros de profundidad. Su tarea era extraer manualmente toneladas de residuos: desde huesos de animales y restos de construcción hasta baterías usadas y objetos metálicos. En solo 22 días de trabajo, sacaron casi cien sacos de basura de Leizeta, con un peso total de unas diez toneladas.
Cuando encontraron un objeto sospechoso entre la basura, las labores se detuvieron de inmediato. Al lugar acudieron los artificieros, que retiraron cuidadosamente el artefacto y lo destruyeron de forma controlada en una zona abierta junto a la cueva. Según los especialistas, se trataba de una bomba aérea de unos setenta centímetros de largo, probablemente lanzada durante los combates de 1936. En los alrededores aún quedan trincheras y fortificaciones militares que recuerdan aquellos hechos sucedidos hace casi un siglo.
Amenaza ecológica y lucha contra la contaminación
Leizeta ha sido considerada durante mucho tiempo como una de las cuevas más contaminadas de la región. Formaba parte de una lista de 48 espacios similares, muchos de ellos ubicados en zonas kársticas especialmente vulnerables que afectan al estado de las aguas subterráneas. Durante inspecciones recientes, voluntarios detectaron en estos lugares casi 370 metros cúbicos de basura, parte de la cual podría estar filtrándose a los acuíferos y representar una amenaza para el medio ambiente.
El municipio de Larraul fue el primero en solicitar apoyo financiero a las autoridades provinciales para organizar una limpieza a gran escala. Se destinaron 47.000 euros a este fin. Los trabajos se realizaron manualmente, sin maquinaria pesada, para no dañar la frágil estructura de la cueva ni agravar la situación ecológica.
Implicación de los vecinos y lecciones para el futuro
En la eliminación de los residuos participaron no solo profesionales, sino también voluntarios y escolares de Larraul. Para los niños se organizaron excursiones al lugar de las labores, para mostrarles de forma directa las consecuencias de la falta de responsabilidad con la naturaleza. Las autoridades locales confían en que esta experiencia sirva de ejemplo para otros municipios que también sufren problemas de vertederos ilegales en zonas naturales.
La operación de limpieza en Leizeta ha demostrado la importancia de unir fuerzas para preservar el medio ambiente. Las autoridades instan a otras ciudades a aprovechar las oportunidades de subvenciones y lanzar sus propios proyectos de recuperación de espacios naturales. Solo con acciones conjuntas podremos devolver la pureza a los rincones únicos de Gipuzkoa y protegerlos para las generaciones futuras.












