
En Adamuz, en la provincia de Córdoba, la investigación del accidente ferroviario que involucró al tren Iryo ha entrado en una nueva fase. Los especialistas concluyeron que todo se debió a una grieta en el raíl, formada mucho antes del momento crítico. Este hallazgo ha cambiado la visión sobre las causas del siniestro y ha puesto en duda la eficacia de los controles sobre el estado de las vías.
Los expertos que analizaron los daños detectaron marcas características en las ruedas del tren afectado. Fueron especialmente evidentes en las ruedas derechas de los vagones número 2, 3, 4 y 5. Llama la atención que el patrón de daños en tres de ellas coincidía detalladamente, lo que indica un mecanismo común en la aparición del defecto. Las huellas recordaban los golpes contra una protuberancia en el raíl, generada por la deformación del metal justo antes de la grieta.
Detalles del incidente
La grieta en el raíl surgió antes de que el fatídico tren pasara por allí. Al paso del convoy, el raíl se dobló bajo el peso de las ruedas, formando una especie de escalón. Precisamente esta anomalía provocó las abolladuras en las ruedas. A una velocidad de unos 200 km/h, el segundo par de ruedas no alcanzó a golpear ese escalón: el raíl no regresó a su posición original después del primer impacto.
El vagón número 5 llamó la atención: en sus ruedas se detectaron daños de otro tipo. Esto llevó a suponer que, en el momento en que este vagón pasaba, el raíl empezó a inclinarse hacia fuera. Como resultado, el sexto vagón perdió soporte y se salió de las vías. En el lugar del accidente, los especialistas observaron que el raíl, tras el punto de rotura, estaba literalmente volcado hacia el exterior y presentaba marcas de golpes laterales de las ruedas.
Desarrollo de la investigación
Las ruedas de los vagones 6, 7 y 8, que descarrilaron por completo, no fueron objeto de análisis. Los investigadores parten de la premisa de que estos vagones ya no tuvieron contacto con la cabeza del raíl tras su rotura. Este enfoque permite reconstruir con mayor precisión la cronología de los hechos y entender cómo se desarrolló el accidente.
Curiosamente, abolladuras similares se encontraron también en las ruedas de otros trenes que circularon por este tramo antes de la tragedia. Entre ellos, una composición de Renfe Viajeros y dos trenes Iryo. Esto confirma que la fisura en el raíl ya existía previamente, lo que significa que el accidente podría haberse evitado con un control más riguroso.
Siguientes pasos
Los expertos subrayan que todas las conclusiones son aún preliminares. Para una respuesta definitiva, será necesario realizar análisis de laboratorio de los fragmentos del raíl. El estudio metalográfico permitirá determinar por qué apareció la fisura y cuánto tiempo estuvo desarrollándose. Además, será necesario analizar los datos de los registradores de a bordo de todos los trenes que pasaron por este tramo para identificar posibles factores adicionales.
La situación tras el accidente en Adamus vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la seguridad de la infraestructura ferroviaria en España. Es evidente que incluso defectos menores pueden tener consecuencias catastróficas si no se detectan a tiempo. Las dudas sobre el sistema de control siguen sin resolverse, mientras los pasajeros esperan respuestas y garantías de seguridad.












