
La recepción oficial en el Palacio Real por motivo de la visita del sultán de Omán, Haitham bin Tariq, se convirtió en uno de los eventos más comentados. La majestuosa cena de gala, celebrada en el salón más grande de Europa Occidental, reunió a lo más destacado de la sociedad española. Asistieron miembros del gobierno, figuras prominentes de la cultura y, por supuesto, los grandes magnates empresariales. El protocolo exigía esmoquin para los caballeros y vestidos de noche largos para las damas.
La reina Letizia, como anfitriona de la velada, marcó el tono del evento. Eligió un llamativo vestido voluminoso de un profundo azul cobalto de The 2nd Skin. El conjunto cubría por completo brazos y piernas, gesto interpretado como una muestra elegante de respeto hacia la delegación de Omán, en la que no había mujeres. La mayoría de las invitadas siguió su ejemplo, optando por diseños discretos y cerrados. El ambiente general de la noche estuvo impregnado de sobriedad y cortesía diplomática.
Sin embargo, en este mar de elegante discreción, una figura brilló con luz propia. Todas las miradas se dirigieron a Esther Alcocer Koplowitz, marquesa de Casa Peñalver. La presidenta del consejo de administración del gigante de la construcción Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) decidió romper con la tónica predominante. Apareció del brazo de su esposo, luciendo un ceñido vestido de satén en tono ladrillo.
Su atuendo, con una delicada drapeado que recordaba a una túnica antigua, dejaba los brazos al descubierto, en marcado contraste con los looks de las demás invitadas. Esther Alcocer, conocida por su carácter fuerte, completó el conjunto con su melena rubia suelta, una pulsera dorada y un clutch. Fue la única que se atrevió a dar un paso tan audaz según los estándares del protocolo.
Difícilmente se puede considerar esta elección como un descuido o un error de estilo. Más bien, fue una declaración consciente. Mientras que las demás seguían el ejemplo de la reina, Alcocer demostró fidelidad a su propio estilo y su posición como influyente empresaria. Quizá su atuendo fue una jugada calculada ante próximas reuniones empresariales destinadas a reforzar los lazos económicos entre España y Omán. En un mundo en el que la ropa a menudo dice más que las palabras, Esther Alcocer dejó claro que juega según sus propias reglas.












