
La monarquía británica vuelve a estar en el centro de la atención pública por los flagrantes fallos en su sistema de seguridad, una constante que persigue a los Windsor con inquietante frecuencia. Desde las irrupciones en el dormitorio de la fallecida reina Isabel hasta las visitas de intrusos al príncipe y la princesa de Gales, pasando por más de quinientos acosadores identificados por la policía: todo esto palidece ante la que parece una anécdota digna de película cómica de bajo presupuesto, y que se mantuvo en secreto durante nada menos que tres años. Se trata del insólito robo de joyas que pertenecían a Camilla —entonces duquesa de Cornualles— ocurrido en circunstancias más propias de un guion de comedia que de la vida real.
El escenario fue una sencilla área de descanso en la autopista M40, que conecta Londres con Oxford y Birmingham. Tres empleados al servicio de Charles y Camilla decidieron hacer una breve parada para tomar un café y fumar un cigarro. En su coche llevaban una carga valiosa: una caja con la inequívoca inscripción «Su Alteza Real la Duquesa de Cornualles». Dentro, se encontraban joyas destinadas al viaje oficial de tres días que la pareja iba a realizar a Canadá. Por una inexplicable imprudencia, dos asistentes entraron al café, el tercero se quedó estirando las piernas junto al coche, pero ninguno pensó en cerrar las puertas del vehículo con llave.
Este descuido fue aprovechado rápidamente por un grupo de pequeños ladrones. Al notar el coche sin cerrar y una caja llamativa en su interior, se hicieron con el botín sin dificultad. Cuando los empleados regresaron, se llevaron una desagradable sorpresa: las joyas habían desaparecido. El incidente fue reportado de inmediato a la oficina del duque, quien a su vez implicó a la contrainteligencia británica MI5 en la investigación. Los agentes revisaron rápidamente las grabaciones de las cámaras de seguridad y rastrearon la zona. Sorprendentemente, en pocas horas lograron recuperar las joyas, aunque la caja se perdió, y las devolvieron a sus dueños. Tanto Carlos como Camila fueron informados de lo ocurrido, pero decidieron no hacer público el incidente e incluso evitaron denunciarlo a la policía.
Tres años después, este curioso episodio volvió a salir a la luz, dejando perplejos incluso a los actuales rey y reina. Según se supo, en 2022 Carlos trataba de evitar cualquier escándalo que pudiera ensombrecer la celebración del Jubileo de Platino de su madre, Isabel II. Sin embargo, ese silencio generó aún más interrogantes. ¿Fueron los ladrones simples transeúntes o sabían exactamente qué había en el coche? ¿Cómo pudieron los empleados del palacio ser tan negligentes al trasladar objetos históricos? ¿Por qué no se abrió una investigación policial y cuál fue el destino de esos tres ayudantes? Preguntas que siguen sin respuesta, sumando otra extraña página a la historia de la seguridad de los Windsor.












