
En los últimos años, Cataluña ha experimentado un auténtico auge en el número de incapacidades temporales. Si en 2013 el trabajador medio perdía algo menos de cuatro horas al mes por enfermedad, para 2025 esta cifra aumentó a ocho horas. El crecimiento es de más del doble. Para las empresas y las autoridades, esto se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza, ya que no solo se trata de horas perdidas, sino de enormes pérdidas económicas.
Según estimaciones de representantes de pequeñas y medianas empresas, solo el año pasado el coste de todas las bajas médicas en la región alcanzó el 10,5% del Producto Interior Bruto de Cataluña. No es solo una cifra: son miles de millones de euros que podrían impulsar la economía, pero que en cambio se diluyen en la burocracia, las colas para ver a los médicos y bajas que se prolongan en el tiempo.
Sistema al límite
Una de las principales causas de esta situación es la sobrecarga del sistema sanitario. En Cataluña, el tiempo medio de espera para acudir al médico ya supera los 24 días, una semana más que la media nacional. Mientras una persona espera la cita, no trabaja, y las empresas pierden dinero. No es de extrañar que los empleadores exijan dejar la gestión de las bajas en manos de aseguradoras privadas e incluso farmacias para aliviar aunque sea un poco el sistema público de salud.
No todos están de acuerdo con este enfoque. Los sindicatos y los médicos insisten en que la baja médica no debe convertirse en una herramienta de ahorro para las empresas. Las personas se enferman y su derecho a recibir atención médica y recuperarse debe estar protegido. Sin embargo, los empleadores subrayan que no se trata de recortar derechos, sino de poner orden y combatir los abusos.
Debates y tensiones
A finales del año pasado, las autoridades de Cataluña incluso lanzaron una campaña informativa especial para llamar la atención sobre este problema. Los empresarios respaldaron la iniciativa, pero los sindicatos acusaron a las autoridades de intentar “criminalizar” a los empleados enfermos. La patronal respondió recordando que las pequeñas empresas son las más afectadas, ya que les resulta mucho más difícil encontrar un reemplazo para el trabajador de baja.
Según los empresarios, en las pequeñas empresas cada baja médica cuesta de media 1.557 euros por persona, mientras que en las grandes alcanza casi los 3.800 euros. Si se tiene en cuenta que en Cataluña se concentra una cuarta parte de todas las bajas laborales del país, se entiende por qué el tema genera tantas emociones.
Causas y tendencias
Resulta curioso que el aumento de las bajas médicas no sea un problema exclusivo de Cataluña. En todos los países desarrollados, a medida que crece la economía, también aumenta el número de incapacidades temporales. Los expertos lo explican de forma sencilla: cuando las personas se sienten más seguras en su trabajo, acuden más al médico y no temen pedir la baja.
En Cataluña, la mayoría de las bajas laborales están relacionadas con problemas musculoesqueléticos, salud mental y lesiones. Sin embargo, en los últimos 12 años, los trastornos mentales casi se han triplicado. Esta tendencia es una señal de alarma tanto para las empresas como para el sistema de salud.
Dinero y decisiones
Otro dato interesante: a pesar de las enormes pérdidas para la economía, el gasto en seguridad social ha sido menor de lo esperado. Esto se explica porque la mayoría de las bajas dura menos de 15 días y, en la mayoría de los casos, no supera los tres. Durante este periodo, el trabajador no recibe prestaciones, pero las empresas igualmente asumen las pérdidas.
Los empresarios exigen no solo una reforma en el sistema de bajas médicas, sino también un aumento de la financiación sanitaria. Actualmente, Cataluña destina el 5,7% de su PIB a la sanidad, por debajo de la media nacional. El sector empresarial advierte: sin inversiones ni nuevos enfoques, la situación solo empeorará.
Mirada al futuro
Las autoridades ya debaten nuevas medidas: reincorporación progresiva al trabajo tras una baja, bajas flexibles, mayor control y nuevos protocolos para empleadores. Sin embargo, la controversia sigue, mientras la economía continúa perdiendo miles de millones. Quién y cómo resolverá este problema sigue siendo una incógnita. Y todo apunta a que no habrá soluciones fáciles.












