
En el pequeño pueblo catalán de Palau de Santa Eulàlia, con apenas 130 habitantes, han vuelto a surgir disputas sobre el futuro de la escuela local. En 2021, tras una larga pausa y en plena pandemia, el centro educativo reabrió sus puertas. Sin embargo, cinco años después, la escuela volverá a cerrar —esta vez por decisión del alcalde—.
El alcalde justificó su decisión alegando que el ayuntamiento no puede mantener el centro educativo debido a dificultades financieras. Según explicó, los gastos de la escuela resultan insostenibles para un presupuesto municipal ya deficitario. Las autoridades prevén utilizar el edificio para instalar la administración local, lo que, en su opinión, permitirá optimizar los recursos y resolver la falta de espacio para los servicios municipales.
La noticia indignó a familias y docentes. Muchas familias se mudaron específicamente a Palau de Santa Eulàlia para que sus hijos pudieran estudiar en una pequeña escuela rural. Ahora temen que el cierre del centro provoque el éxodo de habitantes y la desaparición definitiva de la vida en el pueblo. Consideran que la escuela es clave para atraer nuevas familias y para asegurar el futuro de la localidad.
En la escuela estudiaban 18 niños, la mayoría pequeños de pueblos vecinos. Para muchos padres, era la única opción de escolarizar a sus hijos en un entorno cercano y familiar, sin tener que invertir tiempo en largos desplazamientos. Ahora deberán buscar otros centros, a menudo saturados y ubicados lejos de sus hogares.
Crisis financiera y desacuerdos políticos
La situación se complica aún más por el déficit presupuestario que el municipio lleva acumulando varios años. El nuevo alcalde, elegido por un margen muy estrecho, asegura que se vio obligado a tomar medidas impopulares: recortar gastos, aumentar impuestos y eliminar algunos servicios sociales. Los intentos de llegar a un acuerdo con las autoridades regionales para obtener financiación adicional no tuvieron éxito.
El anterior alcalde considera que los gastos en la escuela fueron exagerados y que el cierre fue una decisión precipitada. Está convencido de que la existencia de un centro educativo atraía nuevas familias y revitalizaba el pueblo. A su juicio, cerrar la escuela puede llevar al paulatino despoblamiento de la localidad.
Comunidad dividida y futuro incierto
En el interior de Palau de Santa Eulàlia no hay consenso sobre lo ocurrido. Una parte de los vecinos apoya al alcalde, creyendo que la estabilidad financiera y la gestión eficiente del patrimonio municipal deben ser la prioridad. Otros defienden que la pérdida de la escuela supone un golpe para el futuro del pueblo y su atractivo para las familias jóvenes.
Las autoridades regionales subrayan que el edificio es propiedad del municipio y, si las autoridades locales no están dispuestas a cederlo, se ven obligadas a cesar la actividad educativa. Al mismo tiempo, la mayoría de los alumnos podrá continuar sus estudios en localidades cercanas, aunque los padres temen que allí ya no haya suficientes plazas.
En el edificio de la escuela también funcionaba un centro social donde se organizaban diversas actividades para los vecinos. Ahora, estas funciones también quedan en entredicho. La alcaldía planea trasladar aquí servicios administrativos y un consultorio médico, lo que, según parte de los residentes, no compensa la pérdida del centro educativo.
La historia de Palau de Santa Eulàlia se ha convertido en un ejemplo de cómo las dificultades financieras y los desacuerdos políticos pueden influir en el destino de pequeñas comunidades. La cuestión de qué es más importante —el ahorro o la conservación de la infraestructura para las futuras generaciones— sigue sin respuesta.












