
Por primera vez durante la actual legislatura, el presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras, dejó claro públicamente que su partido siente un profundo malestar ante la sucesión de escándalos de corrupción y abusos sexuales que sacuden tanto a los socialistas como a Pedro Sánchez en persona. Hasta ahora, ERC era considerado uno de los socios más fiables del Gobierno, junto con Bildu. Sin embargo, ahora los republicanos no ocultan que la situación se vuelve cada vez más insostenible para ellos.
Junqueras no pidió elecciones anticipadas, pero sus declaraciones suenan a advertencia. Destaca que la corrupción en España es un problema sistémico y acusa tanto a socialistas como a populares de ser incapaces de renovar la democracia. En sus palabras, «quienes abusan del poder y están sumidos en la corrupción no pueden ser el motor del cambio».
Retórica contundente
En su intervención, Junqueras insiste en que no bastan las palabras: hacen falta acciones concretas y compromisos firmes para democratizar instituciones donde aún no existe una democracia real. Exige pasos decididos para erradicar cualquier manifestación de corrupción y acoso sexual. Según el líder de ERC, la lucha contra la ultraderecha y los conservadores es una tarea importante, pero no debe quedarse en simples lemas. Hay que demostrar con hechos que la izquierda realmente es mejor.
Anteriormente, los republicanos justificaban su apoyo a Sánchez argumentando que la alternativa de un gobierno del Partido Popular con el respaldo de Vox sería aún más peligrosa para el movimiento catalán. Ahora, por primera vez, Junqueras deja entrever que el argumento del ‘mal menor’ podría dejar de ser válido si los socialistas no cambian de rumbo.
Dilemas internos del partido
A pesar de sus duras críticas, Junqueras no llama a elecciones inmediatas ni comenta la propuesta de Míriam Nogueras (Junts) de unir fuerzas contra Sánchez a cambio de nuevas concesiones para los catalanes. Así, el líder de ERC procura no entrar en juegos electorales y, al mismo tiempo, evita la trampa que tienden sus rivales de Junts.
Los republicanos exigen a los socialistas respuestas claras y rápidas, en lugar de dilatar su reacción ante escándalos, como ocurrió con las acusaciones contra Francisco Salazar. Según Junqueras, Sánchez debe demostrar determinación y voluntad de cambio para recuperar la confianza de los votantes y los militantes del partido.
Problemas de los socialistas
Por ahora no ha habido cambios. Los socialistas se ven obligados a defenderse y prepararse para una serie de elecciones regionales en las que la iniciativa ha pasado a manos de la oposición del Partido Popular. En diciembre se celebrarán elecciones en Extremadura y en febrero en Aragón. Se prevé que ambas campañas terminen con la victoria de la derecha y, en verano, se sumarán los comicios en Andalucía.
El partido de Sánchez también pierde terreno a nivel local. En Extremadura, los socialistas prácticamente han renunciado a la lucha. La apuesta por ministras como candidatas — María Jesús Montero en Andalucía, Diana Morant en Valencia y Pilar Alegría en Aragón — no está dando los resultados esperados. Además, las recientes fotos con Francisco Salazar, destituido del Gobierno tras un escándalo, siguen ensombreciendo el liderazgo del partido.
Riesgos para la coalición
Dentro de ERC crece la preocupación: el apoyo a los socialistas se vuelve cada vez más tóxico. Los republicanos temen que seguir cooperando con el PSOE les cueste la confianza de sus propios votantes. Al mismo tiempo, romper con Sánchez puede fortalecer a la derecha y poner en riesgo los intereses del movimiento catalán.
Por ahora, Junqueras y su partido mantienen la cautela, pero sus críticas públicas evidencian una profunda crisis de confianza interna en la coalición. En los próximos meses, el destino de la alianza entre ERC y los socialistas dependerá de si Sánchez logra ofrecer cambios reales y convencer a sus socios de su disposición para la renovación.












