
El ex alto directivo de OHL Javier López Madrid se encuentra en el centro de un sonado proceso judicial que ha comenzado en la Audiencia Nacional de España. En el banquillo de los acusados están él y el ex comisario de policía José Manuel Villarejo. Se les imputa soborno en relación con el presunto acoso a la doctora Elisa Pinto. En la sala, López Madrid no negó haberse reunido con Villarejo, pero rechazó tajantemente haber contratado al policía para presionar a Pinto.
Según el empresario, la iniciativa del encuentro partió de un conocido suyo, quien le sugirió recurrir a Villarejo después de que la familia López Madrid sufriera una auténtica oleada de llamadas telefónicas. “No entregué ni un céntimo a Villarejo. No le encargué ninguna gestión”, insistió el acusado al responder a las preguntas del tribunal. Describió la situación como una catástrofe personal: en medio año, él, su esposa, sus hijos e incluso amigos recibieron más de mil quinientas llamadas con amenazas e insultos.
En el epicentro del escándalo
López Madrid relató que se convirtió en el “epicentro” de esa tormenta telefónica. Según su testimonio, cada diez minutos recibía una nueva llamada, y los desconocidos no se contenían en sus palabras: las amenazas eran dirigidas tanto a él como a sus allegados. “Estaba completamente desesperado, no sabía a quién acudir”, confesó. Fue entonces, según su versión, cuando surgió la idea de reunirse con Villarejo, quien ya era conocido por sus contactos y su controvertida reputación en esa época.
Sin embargo, a pesar de la reunión, López Madrid insiste en que no hubo ningún acuerdo para perseguir ni intimidar a Pinto. Afirma que su único objetivo era obtener consejo sobre cómo frenar la avalancha de amenazas. No obstante, la acusación mantiene lo contrario y sostiene que el encuentro con Villarejo no fue casual, sino que tuvo un fin muy concreto: ejercer presión sobre el médico.
Drama judicial
El proceso judicial de este caso promete ser largo y complejo. En el centro del debate no solo están las relaciones personales entre los implicados, sino también los métodos que, según la investigación, habrían utilizado empresarios influyentes para resolver sus problemas. Villarejo, cuyo nombre ha estado presente en repetidos escándalos, vuelve a ser protagonista en una investigación que deja muchas preguntas sobre su papel en esta historia.
López Madrid, por su parte, intenta presentarse como una víctima de las circunstancias, subrayando que fue blanco de una campaña masiva de intimidación. Sus declaraciones emocionadas en el tribunal, donde describe el miedo por su familia y la impotencia ante las amenazas, resultan convincentes, pero no disipan las sospechas. La acusación sigue firme: el encuentro con Villarejo no fue casual, sino cuidadosamente planificado.
Preguntas sin respuesta
Hasta ahora, ninguna de las partes ha presentado pruebas concluyentes que respalden su versión. El tribunal deberá determinar si la reunión entre López Madrid y Villarejo fue un intento legítimo de buscar protección o si se trató de una conspiración para ejercer presión sobre el médico. López Madrid sostiene que actuó exclusivamente por la seguridad de su familia, pero la investigación considera que en sus acciones existen indicios de intención delictiva.
El caso López Madrid y Villarejo ya ha generado una amplia repercusión pública. En España, se sigue el desarrollo del proceso con gran atención, pues en juego están no solo los destinos de personas concretas, sino también los límites de lo permitido para empresarios y autoridades. Esta historia está llena de zonas oscuras y, por ahora, ninguna de las partes está dispuesta a ceder.












