
En pleno corazón de Asturias, entre colinas y bosques frondosos, se esconde el pequeño pueblo de Bermiego, que en otoño se transforma por completo. Hasta aquí conduce una carretera serpenteante que sube por las laderas de Quirós, y el propio trayecto ya es el inicio de una aventura. A medida que se asciende, se abren vistas espectaculares al valle, y al fondo aparece esta diminuta aldea donde parece que el tiempo se detuvo hace siglos.
Bermiego no es solo un pueblo, sino un auténtico museo viviente al aire libre. Aquí se conservan decenas de hórreos y paneras tradicionales sobre pilares, decorados con tallas y motivos geométricos. Estas construcciones tan características de la región conviven con casas de piedra y madera, recreando la atmósfera de la Asturias medieval. Pasear por sus estrechas calles invita a imaginar cómo generaciones de vecinos vivieron aquí, manteniendo sus costumbres y oficios.
Un tejo que ha sobrevivido los siglos
El mayor orgullo de Bermiego es su antiguo tejo (Taxus baccata), al que los lugareños llaman Teixu l’iglesia. Este árbol, catalogado como monumento natural, está considerado uno de los más viejos de Europa. Su imponente tronco y copa se alzan junto a la iglesia de Santa María, construida en el siglo XV. Cuenta la tradición que aquí se enterraba a los fallecidos para que sus almas permanecieran cerca de este árbol sagrado. El tejo se ha convertido en símbolo de resistencia y eternidad para los habitantes del lugar, y sus ramas verdes aún protegen el pequeño cementerio junto al templo.
En otoño, Bermiego luce especialmente pintoresco: los alrededores del pueblo se tiñen de tonos dorados y rojizos de castaños y hayas, mientras que el tejo permanece siempre verde. Esta combinación de colores convierte el paisaje en una auténtica obra de arte que invita a contemplarla una y otra vez.
La puerta a la naturaleza y las tradiciones
Bermiego es un excelente punto de partida para los amantes del senderismo y la naturaleza. Desde aquí, es fácil acceder al Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, donde hay rutas de trekking y espacios para observar la fauna salvaje. A pocos kilómetros se encuentra el desfiladero de Las Xanas, famoso por sus paredes verticales y un sendero espectacular que discurre justo al borde del precipicio.
En el pueblo todavía se pueden ver antiguos molinos de agua, que en su día fueron fundamentales para la vida local. Aquí se cultiva una variedad especial de trigo —la escanda— que resiste bien el frío y se utiliza para hacer pan tradicional. Los amantes de la buena mesa disfrutarán además del queso local, elaborado según antiguas recetas y curado en bolsas de cuero especiales.
Bermiego: un lugar donde el pasado se encuentra con el presente
Aunque hoy en día en el pueblo viven poco más de medio centenar de personas, Bermiego conserva su carácter único. Aquí se respetan las tradiciones, se celebran fiestas y se mantienen los oficios artesanales, transmitiéndolos a las nuevas generaciones. En otoño, Bermiego resulta especialmente atractivo para quienes buscan tranquilidad, belleza natural y la auténtica atmósфера de la Asturias de antaño. Es un lugar donde se puede sentir el aliento de la historia y contagiarse de la energía de sus árboles centenarios.












