
Miquel Roca, que hoy tiene 85 años, nació en Burdeos, Francia, mientras sus padres se veían obligados a esconderse del régimen de Franco. Su juventud estuvo marcada por la lucha contra la dictadura: con solo veinte años, ya era un activista en contra del régimen y, más tarde, fue expulsado de la universidad junto a un grupo de destacados profesores.
Más adelante, Roca fue uno de los fundadores de Convergència Democràtica de Catalunya y participó como uno de los autores de la Constitución española. Desde 1977, durante casi veinte años, representó los intereses de Cataluña en el parlamento nacional.
Transición a la democracia: miedos y esperanzas
Al recordar los acontecimientos de finales de los años 70, Roca destaca que la inminente caída de la dictadura se vivió tanto con alegría como con inquietud. La oposición era consciente: recaía sobre ellos la responsabilidad del futuro del país. En ese periodo fueron clave la legalización del Partido Comunista y la aprobación de la Ley de Reforma Política. Según él, fue entonces cuando los lemas revolucionarios dieron paso a las complejas negociaciones y los compromisos.
Roca subraya que los cambios no fueron inmediatos. Muchos temían que el antiguo régimen intentara conservar el poder, pero finalmente resultó evidente que la dictadura estaba agotada y que no surgió una continuidad dentro del sistema. Gestos públicos como la proclamación del rey Juan Carlos en presencia de líderes europeos simbolizaron el inicio de una nueva etapa.
La lección olvidada: ¿por qué no se habla de la dictadura?
A Roca le preocupa especialmente que en las escuelas españolas apenas se estudie el periodo del franquismo. Considera que esto es un grave error: las nuevas generaciones a menudo no son conscientes de por lo que pasó el país, e incluso a veces restan importancia a aquellos acontecimientos. Opina que la libertad de la que hoy disfrutan los españoles permite criticar el pasado, pero sin el conocimiento de la historia es fácil perder los logros alcanzados.
Roca está convencido de que solo un diálogo honesto sobre el pasado puede evitar que se repitan los errores. Llama a no olvidar que la democracia en España fue el resultado de un proceso complejo y doloroso, en el que participaron miles de personas dispuestas a arriesgarlo todo por el cambio.
El contexto europeo y los símbolos del cambio
El apoyo de los países europeos desempeñó un papel clave en la transición a la democracia. La presencia de líderes extranjeros en ceremonias cruciales subrayaba que España volvía a integrarse en la comunidad europea. La legalización de los partidos de la oposición y la apertura de las nuevas autoridades enviaron un mensaje claro a la sociedad: el cambio era irreversible.
Hoy, décadas después, Roca sigue insistiendo: sin una profunda reflexión sobre el pasado es imposible construir un futuro sólido. España, a su juicio, aún está aprendiendo a hablar de las páginas más difíciles de su historia.












